22 de junio de 2019

Reseña — «La llave 104», de Paz Castelló

Si algo ha quedado expuesto tras tantos años de política televisada es que gran parte de los dirigentes responden a grupos reconocibles por el votante: los que pasan sin pena ni gloria y provocan la desidia y el desinterés del electorado; aquellos que se implican al cien por cien en su mandato y alcanzan medidas y actuaciones loables; y los que ven en alcaldías, comunidades o diputaciones una plataforma para el enriquecimiento personal. Lamentablemente, esta última clase suele ser la más sonada en prensa y medios de comunicación, y así lo atestigua la hemeroteca. Pero ¿qué pasaría si confluyeran en un mismo punto corrupción, ambiciones, venganzas, falta de escrúpulos y un pasado aterrador? Esta es la propuesta que Paz Castelló plantea a los lectores en La llave 104, una novela que recorre la vida de Virginia Rives desde su nacimiento en un pueblo extremeño hasta su ascenso social en la costa levantina, todo en una narración vibrante que garantiza desconexión y entretenimiento.

La llave 104 cuenta con dos líneas temporales. La primera de ellas se inicia con un diario personal escrito desde junio de 2010 en Bugarach, Francia. De la autoría de estas líneas poco se conoce en un principio, solo que están rubricadas por Carmen Expósito y que en ellas reconoce la apropiación de la identidad de una niña fallecida hace casi medio siglo, además del terror que siente ante el hipotético infortunio de ser descubierta: «[…] me levanto cada mañana en un lugar extraño, lejos del pueblo que me vio nacer, […] intentando ser quien no soy, aterrada ante la posibilidad de que me encuentre la persona de la que estoy huyendo simplemente por saber la verdad, una verdad que la destruiría» (pág. 9). El manuscrito esconde una intención clara: dejar constancia tanto de su confesión como de los motivos que la han llevado a tomar cada una de sus resoluciones, para que la justicia actúe en el caso de que sea localizada y asesinada. Esta sección de la novela, que ocupa un espacio menor, parece ofrecer un relato independiente, pero el testimonio inserta poco a poco detalles que acercan ambos mundos hacia su confluencia. La manera en la que se intercalan y la coherencia en su construcción se convierten, pues, en uno de los pilares de la obra.

Cuando el foco narrativo no está puesto en el diario de Expósito, La llave 104 repara en la biografía de Virginia Rives desde sus días en el pueblo cacereño de Cachorrilla. Las primeras páginas prestan atención a su infancia y adolescencia, así como al devenir de la familia que la ve crecer. En este núcleo sobresale Dioni, su padre, cuyo carácter se contrapone al sacrificio de su esposa Remedios y al buen hacer de su hijo Jacobo. El patriarca es presentado como «un hombre tosco, de nula sensibilidad y fumador empedernido», con un enfermizo sentimiento religioso que marca la rutina entre las cuatro paredes de la casa. La voz narrativa se encarga de dibujarlo desde bien pronto como un ser detestable: reniega de Virginia desde el mismo alumbramiento, tiene problemas con el alcohol y desprecia a su mujer e hijo. No deja de ser curioso que, a pesar de que existe un vínculo entre Jacobo y Dioni basado en el interés de ambos por los textos bíblicos, sea dicho apego lo que utilice este último para despreciar a su primogénito: «[…] Jacobo se convirtió en un hombrecito leído y de finos modales, tan finos para el ambiente rústico en el que vivía y tan contrarios a los gustos de su padre, que pronto lo tachó de “maricón”, como uno de los mayores desprecios que pudiera dirigirle» (pág. 38). Es, en pocas palabras, una atmósfera hosca y desestructurada en la que el maltrato del padre y la sumisión de la madre marcan irremediablemente la niñez de los hermanos. 

En este contexto es donde se siembra el germen que hará de Virginia en su madurez una mujer manipuladora —aunque nada manipulable—, sin remordimientos, capaz de cualquier tropelía para alcanzar sus metas, y para la que sus conocidos y allegados no son más que meros instrumentos para sus propósitos. Parece adquirir desde pequeña todos los rasgos necesarios para entrar a formar parte de la vorágine política que sacrifica el bienestar ciudadano por el lucro particular. Virginia es una depredadora y hace lo imposible para que nada ni nadie le impida una salida holgada y opulenta, lejos del entorno campestre donde creció. No hay mejor manera para entender la evolución de la protagonista que el propio escrito, en el que son significativas las palabras tras el fallecimiento de Remedios: «[Virginia] se refugió en sí misma, maldijo a la vida y juró que se vengaría de ella» (pág. 72); para resurgir, años más tarde, radiante y pletórica en Beniaverd: «Sus rasgos eran dulces, jóvenes, frescos, pero su mirada color miel era dura, fría, resentida y desafiante. La nueva Virginia Rives había aprendido a estar sola y a confiar únicamente en sí misma, a tomar de la vida lo que le viniera en gana y a negociar el precio de sus deseos» (pág. 99).

La magnífica construcción que hace Paz Castelló del personaje deja una reflexión que va más allá de la novela: ¿se forja la personalidad de alguien exclusivamente por las circunstancias vividas desde la infancia o, por el contrario, la maldad y la depravación pueden existir como algo innato? Con independencia de este asunto, lo que no arroja ninguna duda es que la escritora alicantina plantea una trama sin fisuras, bien construida y con los giros necesarios para mantener la tensión y la intriga. No es el único punto fuerte del relato, pues tras la extravagancia y la confianza de Virginia Rives florece un amplio entramado que perfila las capas más oscuras y caprichosas de las altas esferas, especialmente vinculadas a proyectos urbanísticos. Así, las referencias al tráfico de influencias, prevaricaciones, estafas o cohechos van a ser recurrentes en una parte destacada de la historia. ¿Y qué papel juega en dicha coyuntura la llave 104? Esta es ya misión para los lectores ansiosos por conocer a fondo la fastuosa existencia de Virginia Rives y adentrarse en una novela repleta de luces y sombras. Bienvenidos a Beniaverd.

Ficha de la edición
Umbriel  |  2019  |  352 páginas

Ejemplar cedido por Umbriel

2 comentarios:

  1. Parece que Virginia Rives es de esos personajes que dejan huella. Apunto la novela, que no la conocía y me dejas con ganas de leerla.
    Besotes!!!!

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    Respuestas
    1. ¡Mucha huella, Margari! Está llena de matices. ¡Un beso!

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