21 de diciembre de 2018

Reseña — «Todo oscuro, sin estrellas», de Stephen King


Que Stephen King es uno de los autores más prolíficos del panorama literario actual es bien sabido por todos. Aún con la larga sombra del revuelo que supuso la vuelta de It a la primera línea de los más vendidos tras el éxito comercial de la última adaptación cinematográfica —y que, si nada cambia, se repetirá en 2019—, el autor de Maine ha seguido lanzando textos para deleite de sus lectores. En España las miradas han estado puestas principalmente en Bellas durmientesEl visitante —publicación calificada como uno de los mejores thrillers del año— y La caja de botones de Gwendy —en colaboración con Richard Chizmar—; sin olvidar, claro está, las continuas reimpresiones de los clásicos, caso de Misery, El resplandor o el ensayo autobiográfico Mientras escribo. Por eso, como un año sin Stephen King sería casi como un año sin Navidad, he decidido cerrar el ciclo anual de reseñas con el volumen Todo oscuro, sin estrellas, compilación que aúna cuatro escalofriantes relatos —o novelas cortas, según se mire— que reflejan la mejor faceta creativa del escritor estadounidense. Bien nos tiene acostumbrado King a vastas historias capaces de extenderse a lo largo de más de mil páginas, pero sus narraciones breves, concisas y directas, son en ocasiones intensos placeres en frascos pequeños. Tanto si amas al de Maine como si eres principiante en sus andanzas terroríficas, este libro es una auténtica delicia. Os cuento con detalle.

Empecemos por el final. Todo oscuro, sin estrellas incluye un epílogo en el que King señala el germen que se esconde tras cada relato —un viaje por carretera, algunas fotografías rurales, un artículo periodístico—, pero también sus pretensiones de cara al público, a ese «Lector Constante» al que tantas veces se dirige en sus creaciones. King no pone paños calientes cuando alude al contenido de esta colección: «Las historias de este libro son duras. Puede que te hayan resultado difíciles de leer en algunos momentos. En ese caso, ten por seguro que a mí me resultó igualmente difícil escribirlas en algunos momentos» (pág. 435). Para quien haya visitado con frecuencia las páginas del de Maine sabrá que esto no es una sorpresa —bienvenidos a la morada del rey del terror—, pero no miente cuando hace hincapié en la idea citada, pues las más de cuatrocientas páginas que conforman el volumen cuentan con varios pasajes de los que sobrecogen y dejan sin respiración, imaginando si todavía se puede subir un peldaño más. King quiere —y así lo apunta en este epílogo— poner una serie de «personas ordinarias en situaciones extraordinarias» para «provocar una reacción emocional, incluso visceral» en sus lectores (pág. 436). Ya os digo que el objetivo lo supera, ¡y de qué manera!

«1922» no se anda con rodeos y entra en materia desde el párrafo incial: «Me llamo Wilfred Leland James, y esta es mi confesión. En junio de 1922 asesiné a mi esposa, Arlette Christina Winters James, y sepulté su cadáver en un viejo pozo» (pág. 13). La revelación la realiza el protagonista desde el Hotel Magnolia, en Nebraska, ocho años después de los acontecimientos. El testimonio en primera persona relata todos los detalles del crimen: las continuas discusiones con Arlette por las tierras heredadas —ella, partidaria de la venta; él, deseoso de incorporarlas a la finca familiar—, la planificación del asesinato, la implicación del hijo y la eliminación de pruebas. El maquiavélico plan no dista mucho de otros recreados por la incansable mente de Stephen King, con descripciones explícitas, sin nada que maquille la escena. No obstante, el interés de «1922» no está realmente en esa parte de la ficción, sino en la atmósfera que se crea tras la muerte: la larga noche —casi eterna—, los sonidos —y el silencio—, las mentiras, el tiempo pausado, la decadencia, la putrefacción —física y moral—, la culpabilidad, el odio… Basta una cita de la confesión para ilustrar estas ideas: «En la distancia, Rex, el perro de los Cotterie, ladró una sola vez y luego calló. Esta noche no acabará nunca, recuerdo que pensé. Y era cierto. En todas las cuestiones que importan, nunca acabó» (pág. 35). Sin duda, una de las mejores narraciones del autor. Un apunte más: en 2017 Netflix estrenó la película basada en el relato, bajo la dirección de Zak Hilditch y con las interpretaciones de Thomas Jane, Molly Parker y Dylan Schmid en los papeles protagonistas. Merece la pena verla, una adaptación impecable.

Tess, escritora de novelas de intriga, es el centro de «Camionero grande». Las ventas de sus libros le han granjeado cierta fama y una buena vida. Acostumbrada a las charlas y conferencias, un día recibe la invitación de Ramona Norville, bibliotecaria principal de la Biblioteca Pública de Chicopee y presidenta de Books & Brown Baggers, asociación que compagina almuerzos y temas literarios en un mismo evento. El día transcurre sin contratiempos, pero la vuelta a casa de Tess no va a ser un camino de rosas. Un pequeño incidente con el coche, la soledad de la carretera y la «inestimable» aparición del «Alegre Gigante Verde» convierten el fin de la velada en una insospechada pesadilla. «Camionero grande» es, en pocas palabras, la historia de una venganza. De las cuatro historias que conforman el volumen, probablemente sea la menos interesante, aunque consigue estar a la altura. Al igual que «1922», también cuenta con adaptación cinematográfica (Mikael Salomon en la dirección y Maria Bello en la piel de Tess Thorne).

«Una extensión justa» es el relato más sencillo en su planteamiento, pero el más efectista. Harry Streeter padece cáncer. Viaja en coche. De repente, una mesa con una sombrilla de color amarillo en la carretera. En ella, George Alobid, vendedor. Un cartel: «Extensión justa. Precio justo». Y la vida de Harry Streeter cambia. El desconocido le ofrece una extensión de vida. El pacto le garantiza quince años más lejos de la enfermedad, a cambio de un quince por ciento de sus ingresos. Pero como en cualquier contrato, siempre hay letra pequeña: «tiene que hacerle una putada a alguien si quiere deshacer la putada que le han hecho a usted. […] Tiene que ser alguien que usted odie». Y Streeter tiene un firme candidato. A partir de aquí, la narración se centra en todo lo que sucede tras el acuerdo. Nada en esta vida es gratis, y a veces se pagan intereses muy altos.

El cierre para Todo oscuro, sin estrellas llega con «Un buen matrimonio». Darcellen Madsen y Bob Anderson forman una pareja como otra cualquiera tras casi tres décadas de unión. Se conocieron en un concesionario de Portland, ella como secretaria, él como uno de los contables; aunque tiempo después Bob emprende su propio negocio de venta por catálogo de monedas, cromos de béisbol y películas antiguas. Darcellen no duda en aportar su ayuda al proyecto. Nada parece fuera de lo común, hasta que surgen los miedos: «¿Lo sabía todo sobre él? Por supuesto que no. Igual que él no lo sabía todo sobre ella […]. Existían cosas ignoradas, pero sentía que después de veintisiete años conocían todas las cosas importantes. […] Hasta aquella noche en el garaje» (pág. 346). Darcy iniciará un corto pero intenso trayecto a través de revelaciones inesperadas. ¿Sobrevivirá el espíritu conyugal a su crisis más extrema?

Todo oscuro, sin estrellas, de Stephen King, recopila cuatro relatos sobrecogedores que siguen la estela de las mejores historias del escritor estadounidense. Como se apuntaba más arriba, el volumen puede ser un excelente punto de partida para aquellos que deseen iniciarse en las letras del de Maine, pero también una perfecta continuación para los que busquen dar un paso más en su narrativa, sin contratiempos ni decepciones. «1922» (por tus tierras te querré), «Camionero grande» (cuidado con la asistencia en carretera), «Una extensión justa» (vive la vida y que otro pague los intereses) y «Un buen matrimonio» (hasta que la mentira nos separe) invitan a un periplo de difícil retorno. Olvida mirar las estrellas y la negrura del firmamento. La verdadera y espeluznante oscuridad está aquí abajo, entre nosotros.

Stephen King en La Caverna Literaria

10 comentarios:

  1. Que me gusta King y cuánto tiempo hace que no lo leo. Tiene buena pinta este. A ver si lo retomo. Besos

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    1. ¡Retómalo, no lo dudes! Creo que Todo oscuro, sin estrellas podría ser una buena elección para volver a King. Ya me contarás.

      ¡Un beso!

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  2. Eso no se hace, que ahora me dejas con curiosidad de ver cómo acaban estas cuatro historias! Que voy a tener que buscar el libro y rapidito...
    Besotes!!! Y felices fiestas!!!

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    1. ¡Búscalo, Margari! ¡No lo pienses! De verdad, me ha encantado el King de estas cuatro historias, ahí está su esencia. Creo que voy a seguir la senda de los relatos cuando decida volver al autor. Muy buena experiencia la de Todo oscuro, sin estrellas.

      ¡Felices fiestas también para ti! ¡Besos!

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  3. Hace años que no leo nada de King, podría ser este el libro adecuado para volver a él. Un placer pasarme por aquí y leerte.

    Saludos.

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    1. ¡Seguro que sí, Mer! Creo que es una opción perfecta para regresar a King después de tanto tiempo.

      ¡Mil gracias por tu mensaje!

      ¡Un saludo!

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  4. Pues yo no he leído nada de King porque no me van las temáticas de terror, aunque creo que algunos de sus libros son mas bien de suspense, y lo mismo con esos sí podría.
    Un abrazo

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    1. Sí, también tiene libros que se alejan del terror. Te recomiendo, por ejemplo, 22/11/63, ambientada en los años previos al asesinato de JFK.

      ¡Un abrazo!

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  5. Es un libro que tengo muchas ganas de tener y de leer, pero cuando lo encontré estaba DEMASIADO costoso, por lo que decidí esperar y al final ya ni disponible está. Espero poder encontrarlo luego.
    ¡Saludos!

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    1. ¡Gracias por tu comentario, Alexis! Te aconsejo que mires en la web BookDepository. Ahora mismo está disponible a buen precio. Además, esta web hace envíos a nivel mundial sin costes adicionales.

      ¡Un saludo!

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