14 de junio de 2018

Reseña — «El último día de un condenado», de Victor Hugo

«¡Condenado a muerte! Hace cinco semanas que vivo con este pensamiento, siempre a solas con él, siempre con su helada presencia…» Estas son las palabras que dan inicio a El último día de un condenado, novela en la que Victor Hugo consigue trasladar al lector hasta límites insospechados toda la soledad, el horror y la angustia del anónimo hombre que espera su fin a manos del verdugo una vez sentenciado por la justicia. En este alegato contra la pena de muerte, el autor de Los miserables consigue dejar patente que en determinados casos la ficción tiene más fuerza que la realidad.
Alianza Editorial  |  2018  |  192 páginas
Título original: Le dernier jour d’un condamné
Traductor: Antonio Álvarez de la Rosa
Enfrentarse a los clásicos y escribir sobre ellos siempre entraña una gran responsabilidad. Son muchos los que han llegado hasta la obra, los que han desgranado cada página y han lanzado decenas de interpretaciones y lecturas acerca de las intenciones del autor. Por eso, cuando toca sentarse ante el teclado para dar una visión personal surge la sensación de que ya está todo dicho. Es lo que me ha ocurrido con El último día de un condenado, de Victor Hugo, una obra breve pero con un mensaje muy concreto y reivindicativo: la abolición de la pena de muerte. Pocas páginas necesita para transmitir tantas emociones en un único protagonista, todo ello sin perder de vista el férreo convencimiento sobre la erradicación de tan infame atrocidad. Ha sido mi primera incursión en la narrativa del escritor francés. Habrá más, sin duda. Quizá esta reseña no descubra nada nuevo —quizá no haya nada más que decir—, pero confío en que sirva para crear nuevos lectores de esta pequeña joya, porque merece la pena. Os cuento con detalle.


El último día de un condenado vio la luz por primera vez en 1829, sin ningún tipo de firma que clarificara la autoría del texto. Sin embargo, tres años más tarde, el 15 de marzo de 1832, rubricaría un prólogo como declaración de intenciones, a raíz de los comentarios que había suscitado desde su aparición. En dicho preámbulo, incluido en la presente edición, avisa: «Hoy el autor puede desenmascarar la idea política, la idea social que quiso popularizar bajo esta inocente y cándida forma literaria», para seguidamente confesar «en voz alta que El último día de un condenado solo es un alegato, directo o indirecto, según se prefiera, a favor de la abolición de la pena de muerte» (págs. 7-8). La introducción, que ahonda en múltiples aspectos sobre este único propósito, previene al lector antes de conocer al protagonista, reafirmando continuamente su particular contienda: adherirse «a los votos y a los esfuerzos de los hombres generosos de todas las naciones que, desde hace varios años, trabajan para derribar el árbol patibulario, el único árbol que las revoluciones no desarraigan» (pág. 11).

La narración tiene lugar desde Bicêtre, fortín parisino donde el reo espera con resignación el cumplimiento de la condena a muerte. Entre las cuatro paredes de la celda divaga, se arrepiente, sufre…, y de todo intenta dar cuenta en un diario que le permiten escribir en su cautiverio. La indiferencia de carceleros y celadores contrasta hora tras hora con la desesperación del protagonista, que alberga todas las disquisiciones con las que Victor Hugo quiere provocar la misericordia del lector. De hecho, a pesar de que el condenado intuye que antes o después flaquearán las fuerzas que ahora le permiten escribir su historia, «necesariamente inacabada, pero todo lo completa que es posible», sabe que su penitencia suscitará la consideración de todo aquel que se inmiscuya en sus digresiones: «¿no habrá de contener una grande y profunda enseñanza?» (pág. 52). Por tanto, el escritor no pierde ni una sola oportunidad de recordar lo que ya apuntara con detalle en el mencionado prólogo.

Victor Hugo opta en su relato por un personaje neutro, esto es, libre de concreciones y sin apenas rasgos sobre el físico, el carácter o la condición social. No es azaroso este procedimiento, pues detrás de la supresión de «todo lo contingente, lo accidental, lo particular, lo especial, lo relativo […] [y] el nombre propio», no hay más voluntad que hablar de «un condenado cualquiera, ejecutado un día cualquiera» (págs. 8-9). El alegato a favor de la abolición de la pena de muerte lleva a Victor Hugo a extender sus premisas a cualquier reo pasado o futuro, sin profundizar en las razones de los posibles crímenes y sin emitir juicios de valor. En otras palabras, el autor quiere reafirmar sus posiciones sin que nadie pueda hallar a priori motivos que enjuicien al encausado. Y si algún detalle se le escapa —la juventud, la buena salud de la que goza, su hija—, lo hace deliberadamente, incitando a la reflexión de los lectores. Es por eso que el diario apela página tras página a todo tipo de emociones, verdadera razón de ser del relato: la desesperación tras los barrotes, la pena de muerte como abominación humana —«enfermedad provocada por la mano del hombre» (pág. 83)—, la nostalgia por lo perdido, el tiempo pasado que no regresa, los sueños de la infancia, los recuerdos lentamente difuminados… Es, en definitiva, la triste historia de un preso que desgarra su corazón y deja manar con libertad todo lo que perderá en el cadalso; y será ahí y solo ahí, con el reloj detenido, cuando no haya una posible vuelta atrás. La culpabilidad o la inocencia del reo deja en este punto de tener sentido. Para entonces solo queda una pregunta vagando por la mente: ¿es la barbarie invicta y eterna?


Victor Hugo en La Caverna Literaria

8 comentarios:

  1. Muy interesante este clásico que nos traes hoy. De estos libros para leer lentamente y reflexionar mucho. No lo conocía así que tomo buena nota.
    Besotes!!!

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    1. Hay mucha reflexión a pesar de que son pocas páginas. Como digo en la reseña, mi primera toma de contacto con Victor Hugo ha sido bastante buena. La próxima parada será «Los miserables» o «Nuestra Señora de parís», ambos en casa.

      ¡Un beso!

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    2. Maravillosos ambos. Te aseguro que los vas a disfrutar!
      Besotes!!!

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    3. ¡Genial! Me fío plenamente de ti. ¡Ahora solo queda dar el paso! :)

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  2. Hace mucho que no leo nada de Víctor Hugo y esta novela me sonaba solo de oídas. Me la apunto.

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    1. Para mí ha sido la primera toma de contacto con el autor. En casa tengo también «Los miserables» y «Nuestra Señora de París». ¿Recomendaciones? Y ya sabes, si lees «El último día de un condenado», esperaré con ganas tu opinión. :)

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  3. Sencillo, pero clarificador comentario. A mi hijo, que lo ha leído recientemente, le encantó, y me lo recomendó con entusiasmo.

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    1. No lo dudes, Pedro, sigue la recomendación de tu hijo. Gracias por el comentario.

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