26 de junio de 2018

Reseña — «Bajo cielos lejanos», de Sarah Lark

La periodista alemana Stephanie nació y creció en Nueva Zelanda, pero ha perdido todo recuerdo relacionado con su padre y sus primeros años de vida allí. Pronto descubrirá la existencia de un antiguo diario de una joven maorí cuya dramática historia ha ejercido una profunda influencia sobre los hechos del presente. Con él, logrará cerrar la brecha entre el pasado y el futuro. En su viaje por Nueva Zelanda, Stephanie contará con la compañía de Weru, un carismático y atractivo maorí que la ayudará no solo a descubrir secretos familiares escondidos durante mucho tiempo, sino también emociones que nunca se había atrevido a sentir.
Ediciones B  |  2018  |  654 páginas
Título original: Unter fernen Himmeln
Traductora: Susana Andrés
Sarah Lark —uno de los seudónimos de la escritora alemana Christiane Gohl— alcanzó la fama a nivel mundial con la aparición en 2007 de En el país de la nube blanca, primera entrega de la trilogía sobre Nueva Zelanda, a la que le seguirían La canción de los maoríes y El grito de la tierra. A lo largo de su carrera literaria la autora ha sido perseverante en la escenografía de sus novelas, un despliegue de paisajes oceánicos que se han erigido en su seña de identidad; y así sigue siendo en su último título, Bajo cielos lejanos, relato que se mueve a caballo entre el presente y las guerras maoríes en la segunda mitad del siglo XIX. Con un punto de partida que aúna crímenes sin resolver, un excéntrico hipnotizador y un diario, Sarah Lark propone un intenso periplo desde Hamburgo hasta la pequeña comunidad de Parihaka para narrar la tortuosa vida de la joven Marama. Os cuento con detalle.

Stephanie Martens es una articulista de Die Lupe conocida por sus reportajes sobre cruentos homicidios. Söder, director del periódico, le encomienda una labor que se aparta de su línea habitual: ponerse en manos de un hipnotizador para corroborar la validez de sus prácticas y desenmascarar un posible fraude. Stephanie convive desde su niñez con una amnesia que mantiene bloqueados los recuerdos de gran parte de su infancia, lo que la convierte en una candidata ideal para una sesión de hipermnesia —entrada en un trance profundo para acceder a hechos pasados—. Hasta entonces, los vacíos de aquella época los suplía con los datos aportados por su madre: el viaje en el que conoció a su padre, su nacimiento en Nueva Zelanda y el accidente del que salió ilesa cuando tenía seis años. Ahora, gracias a la regresión de Helbrich, puede comprobar en primera persona las habilidades del hipnotizador, aunque ello suponga enfrentarse de nuevo a sus miedos.

No es difícil suponer que será aquí donde salten los primeros datos inconexos que desencadenen la trama: durante el estado de hipnosis, la periodista menciona a una niña maorí llamada Marama —a veces Marian—, a la que se refiere como «hija de un jefe tribal». Söder aprovecha los crímenes sin resolver de Masterton —pequeña ciudad de Wellington— para enviar a Stephanie hasta Nueva Zelanda y descubrir, no tanto lo que sucedió en aquella región, sino si detrás de la evocación de la pequeña hay una vivencia real o, incluso, una vida pasada. Este es el punto de partida del intenso viaje de la protagonista y, por ende, de la novela. No obstante, lo que realmente reactiva todo el proceso de investigación —y, consecuentemente, la memoria de Stephanie— es la aparición de un diario escrito de puño y letra por Marama, hilo del que tira para conocer a la joven maorí, su difícil historia de amor, la vida en Parihaka y la infame batalla de Orakau en 1864.

Desde que viera la luz En el país de la nube blanca es palmario el dilatado recorrido de Sarah Lark en tierras neozelandesas, por lo que no sorprende la soltura narrativa dedicada a los sucesos históricos vinculados a las tribus maoríes. Aun así, la escritora alemana reconoce un trasfondo real que le sirvió para madurar Bajo cielos lejanos: más allá de la propia historia de Nueva Zelanda, «llena de jóvenes que con destinos singulares se movían más o menos desarraigados entre grupos étnicos antagónicos», Sarah Lark basa el relato de Marama en Wiremu Pokia Omahura, niño maorí «raptado por tropas kupapa y adoptado, más tarde, por el entonces primer ministro [del país], William Fox» (pág. 651). Quizá sea ese extenso bagaje el motivo de una correcta narración en la parte dedicada a las memorias. Es innegable que la vida de Marama está construida sobre numerosos contratiempos que poco a poco forjan la fuerte personalidad del personaje, pero más allá de su creación, es fácil dejarse llevar por un contexto histórico perfectamente integrado en la línea ficticia. En otras palabras, el diario se convierte por méritos propios en el mejor aliado de la novela.

Tanto brilla la joven maorí que los pasos de Stephanie en busca de respuestas para su amnesia pierden fuerza a medida que pasan las páginas. Hay que tener en cuenta para este asunto un detalle que la escritora reconoce en el epílogo: Bajo cielos lejanos ha sido, en parte, un experimento para Sarah Lark, al tratarse de la primera vez que enlaza en uno de sus libros «el tiempo presente con componentes históricos de la evolución de Nueva Zelanda». ¿Tiene esto algo que ver con que suscite un mayor interés el destino de Marama frente a las pesquisas de Stephanie? Probablemente. Las indagaciones de la periodista pisan poco a poco el freno, se sienten como accesibles, transitorias y, en algunos momentos, incluso prescindibles, casi como un mero vehículo para narrar las cuitas tribales en pleno conflicto colonizador. Ambas líneas argumentales cuentan con temas amorosos, conflictos personales, toma de decisiones y un desenlace conectado; pero, al final, la balanza se inclina hacia una Marian dispuesta a todo para luchar por sus ideales.

Bajo cielos lejanos, de Sara Lark, continúa la amplia senda de la autora en la serie de exitosas novelas ambientadas en Nueva Zelanda. Lejos ya de la trilogía que le brindó el triunfo a nivel mundial, la escritora alemana apuesta por un entorno harto conocido, pero con una nueva dinámica narrativa que le permite saltar entre dos líneas temporales. Así, entre el caso de homicidio investigado por Stephanie y las vicisitudes de la dura vida de Marama, Sarah Lark construye una novela que, con calma, acerca a ambas protagonistas, siempre con el trasfondo maorí vigilante. Tal vez queden más historias ambientadas en parajes oceánicos, pero de lo que no hay duda es de que el éxito cosechado hace una década sigue siendo el principal reclamo para los lectores. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo?

Sarah Lark en La Caverna Literaria

4 comentarios:

  1. solo he leído "En el país de la nube blanca", y no continué la trilogía porque siempre se han colado otros libros. Y mientras tanto no ha parado de publicar. No sé si algún día la retomaré, porque lo que no voy a hacer es empezar otra de sus series.
    Un abrazo

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  2. No te veo muy entusiasmado esta vez. El landscape no es lo mío, así que no creo que termine leyendo este libro. Aunque si se cruza...
    Besotes!!!

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  3. ¡Hola!

    Me gusta mucho lo que nos cuentas sobre la ambientación de estas historias. Además, la trama me parece original y creo que podría mantenerme enganchado.

    No obstante, tendré que empezar con trabajos anteriores para ubicar y disfrutar de estas historias.

    Muchas gracias por esta genial reseña.

    ¡Un abrazo grande!

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  4. Confieso que, para mí, Sarah Lark tiene algo que hace que disfrute mucho sus novelas. No apostaba mucho por ella, no me atraría lo landscape, pero ya he leído dos novelas suyas y me las he bebido, literalmente y eso que son un buen tocho. Ahora bien, a tu pregunta de por qué cambiar... pues imagino que encasillarse no es bueno no? Besos

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