21 de marzo de 2018

Notas al margen — 11 — Presentación de «Las tres muertes de Fermín Salvochea», de Jesús Cañadas (Librería Pérgamo, Puerto Real)

El pasado 27 de noviembre tuvo lugar en Puerto Real la presentación de la novela Las tres muertes de Fermín Salvochea (Roca Editorial), del escritor gaditano Jesús Cañadas. El evento, celebrado en la librería Pérgamo, se convirtió pronto en un diálogo entre el propio Cañadas, el autor Juan González Mesa y los asistentes, en un ambiente distendido que permitió descubrir numerosos detalles de la novela y de todo lo que ha supuesto su construcción. Así, a lo largo de aquel intercambio de impresiones, hubo tiempo para analizar la situación actual de la literatura fantástica, indagar en los pasos dados por Cañadas en el proceso creativo, conocer los referentes que se esconden detrás de Las tres muertes de Fermín Salvochea y valorar el peso de la ciudad de Cádiz en las más de cuatrocientas páginas del volumen. Entre fotografías, dedicatorias, risas y degustaciones navideñas, la pandilla del joven Sebastián cobró vida más allá del papel.


La biografía de Cañadas fue la primera parada después de unos minutos de reflexiones sobre el recorrido de la fantasía en el mundo literario. González Mesa quiso averiguar qué habría añadido el autor a la semblanza de la solapa, aquello que se podía contar pero no aparecía allí. Tras una alusión rauda a las papas con chocos —el humor fue una constante durante el evento—, Jesús Cañadas afirmó que no agregaría nada, pero sí quitaría cosas, como aquello de ser considerado «una de las voces más importantes del género fantástico en España». El autor lo tiene claro: «Jesús Cañadas escribe libros. Jesús Cañadas cree que los libros son muy buenos. A ver qué te parece a ti». Él mismo se define como «un friki con suerte, un lector que lee muchísimas cosas, […] y que ha tenido esa suerte de que haya gente que esté dispuesta a apostar dinero» por lo que escribe. Rechaza etiquetas como «el nuevo Stephen King» o «el nuevo Dan Brown», y es que el escritor gaditano no duda: «Nunca te fíes de una obra que te diga que lo va a cambiar todo».


De la misma manera que González Mesa preguntó por la biografía, se interesó por lo que habría añadido a la sinopsis de Las tres muertes de Fermín Salvochea. Jesús Cañadas también habría prescindido aquí de parte del texto: «Al final esto es una historia de niños que luchan contra monstruos, y descubren que los monstruos con los que se enfrentan no son los que ellos pensaban». A pesar del título, Salvochea no es el protagonista, sino Sebastián, un niño de trece años del barrio de Santa María que tiene que reconciliarse con la idea que tenía de su padre. En la novela descubre que no es el gigante todopoderoso que imaginaba, sino una persona con sus luces y sus muchas sombras. Juan González Mesa se detuvo momentáneamente en las palabras de Antonio Torrubia incluidas en la contracubierta, en las que alude al campo audiovisual («un tour de force a caballo entre Los Goonies y Penny Dreadful»). El escritor gaditano puntualizó que, hoy en día, es necesario convencer a la gente que no lee para que un libro triunfe, de ahí la comparación con determinadas imágenes que no son literarias, con el único propósito de salir del exclusivo universo del libro. Jesús Cañadas tuvo ocasión de divagar acerca de los referentes personales que evocan los lectores en las páginas de la novela: aquellos con más edad le escriben para decir que ven allí a Los cinco, de Enid Blyton; gente de su generación revive Cuenta conmigo, basada en la obra de Stephen King, o incluso It; y, sin embargo, los más jóvenes hallan paralelismos con la pandilla de Strangers Things. «Mola que cada uno traiga sus propios referentes», manifestó Cañadas.


Pero ¿dónde está el origen de Las tres muertes de Fermín Salvochea? «El germen principal de la novela —señala el escritor— era, al fin y al cabo, traerme una trama que se moviera en los mimbres que a mí me gustan (acción, aventura, thriller, un toque paranormal y un poco de misterio gótico), pero en mi tierra; entonces, yo tenía claro que no iba a cortarme ni un pelo. Es un desafío y corres el riesgo de que no le guste al lector, pero te lanzas y ya está. Tienes que hacer lo que a ti te emocione y cruzar los dedos para que emocione al de al lado». En pocas palabras, Cañadas procuró transformar los tópicos de la ciudad (sol, playa, «pescaíto» frito y chirigotas) en escenario de una novela que contara con el mencionado trasfondo oscuro y gótico, por lo que se vio obligado a trabajar con ahínco en la atmósfera de la narración y retorcer el Cádiz que todos conocen hasta acercarlo a la trama. Sobre este aspecto se mostraba contundente: «A mí me interesaba que Las tres muertes de Fermín Salvochea no fuera una historia de Starbucks, de franquicia, que lo mismo se pudiera dar en Nueva York, en San Francisco, en Madrid o Buenos Aires. O pasaba en Cádiz o no pasaba. Por eso rodeé la historia de un montón de leyendas locales de la ciudad». Sin embargo, quedaba un aspecto más para poner la maquinaria en marcha: la época en la que tendría lugar. Evitando fechas muy frecuentadas —fácil habría sido acudir por enésima vez a 1812—, Jesús Cañadas tropezó con Salvochea, el denominado «alcalde de los pobres», y ahí surgió la pregunta: ¿qué tiene el presidente de los Estados Unidos que no tenga el alcalde de Cádiz? Pero no fue el único obstáculo que tuvo que salvar, y es que el escritor gaditano comprobó que, en la construcción de la novela, la trama fallaba cuando Fermín Salvochea se convertía en protagonista absoluto, al no tener ningún anclaje con el lector. «Necesitaba a alguien que lo viese desde la distancia, una especie de doctor Watson que le diese el contrapunto a este Salvochea cerebral, metódico y serio, pero un doctor Watson de “Cadi, Cadi”, borracho, putero, vividor y juerguista como es Juaíco, el padre de Sebastián, y mentiroso, porque después de todo la novela va de la mentira y la memoria».


Solo restaba indagar en los personajes, tomando como punto de partida a Juaíco, en el que se esconde la parte más personal de la historia. Funciona como contraste de Salvochea, es el centro de la novela, y la relación con su hijo Sebastián es la que aferra a la realidad todo el entramado literario. Sebastián —nombre que surge por Bastian de La historia interminable— es ese niño que vive entre lo existente y la fantasía, que no sabe si creer los engaños de su padre sobre las vicisitudes compartidas con Fermín Salvochea hace treinta años cazando monstruos, piratas y brujas por las calles de Cádiz, o ver en él únicamente a un borracho. Afirma Cañadas que «para hablar de un niño que se reconcilia con su padre [tiene] que introducir monstruos» pues, al final, «los peores monstruos son los seres humanos». En esta escenografía se unen todos los valores de la infancia de los protagonistas: el idealismo de Sebastián, el sentido de la aventura del Pani, la valentía y el arrojo de Candela, y la inocencia de Julieta. Y por delante, no solo los monstruos, sino la vida, que se antoja difícil. Como concluye Jesús Cañadas, «Las tres muertes de Fermín Salvochea tiene un punto agridulce, como agridulce es la vida. ¿Qué vida tiene un final feliz, una explosión de confeti y adiós? Ninguna».

6 comentarios:

  1. Magnifica entrada sobre el encuentro. Muy interesante para los que ya hemos devorado la novela de Jesús. Sobre todo estás últimas palabras con las que no puedo parar de asentir con mi cabeza. Un abrazo^^

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Daniel! Tengo que ponerme pronto con la novela para dar sentido completo a lo que Jesús Cañadas nos contó aquel día. ¡Va otro abrazo!

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  2. Qué interesantes suelen ser estos encuentros así, tan distendidos.

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    1. ¡Muy interesantes! Además, hacía muchísimo tiempo que no asistía a la presentación de un libro, así que fue una gran tarde. :)

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  3. Este libro me llama mucho la atención. Tengo el anterior del autor pero creo que este me va a gustar más. Besos

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