8 de enero de 2018

Reseña — «Todo es posible», de Elizabeth Strout

Una famosa escritora vuelve al Medio Oeste americano, a la ciudad de su infancia, y desencadena una serie de historias narradas por aquellos que la conocieron: recuerdos de soledad y condescendencia, sutiles y poderosos sentimientos; y el siempre creciente abismo entre el desear y el tener.
Duomo Ediciones  |  2017  |  288 páginas
Título original: Anything Is Possible
Traductora: Rosa Pérez
En 2016 Duomo Ediciones incluyó entre sus novedades Me llamo Lucy Barton, de la escritora estadounidense Elizabeth Strout, galardonada en 2009 con el Pulitzer por su obra Olive Kitteridge. La novela logró hacerse un hueco entre muchos lectores gracias a la difícil e intensa relación de la protagonista con su madre, en un reencuentro cargado de reproches, preguntas e incontables silencios. Parece que allí se quedó instalada una incipiente necesidad por saber más de los Barton y de las anécdotas ligadas al pueblo de Agmash. Como un regalo que viene a cumplir aquellos deseos, Strout comparte ahora en Todo es posible nueve relatos que recuperan la alargada sombra de Lucy para dar voz a otros personajes que, de un modo u otro, tuvieron implicación en su vida. No es un regreso directo a sus vivencias, pero allí continúan, en miradas llenas de soledad, envidia, amor, sueños y miseria. Emociones, al fin y al cabo. Os cuento con detalle.

No está de más recordar la base sobre la que se construyó Me llamo Lucy Barton para entender mejor el sentido de los retazos que componen Todo es posible. Ambientada en una habitación de hospital, Lucy recibe la visita inesperada de su madre, hecho que provoca un alud (tan temido como anhelado) de imágenes casi perdidas en la memoria. Los días que comparten ambas son días en los que el tiempo se ausenta, los recuerdos se agolpan frente al dolor, y los silencios dejan entrever recelos de experiencias pretéritas. Es, en pocas palabras, «un relato que reaviva las ascuas de un pasado con pocas luces y demasiadas sobras». De esta misma manera se puede entender Todo es posible, donde los rescoldos son instantáneas de aquellos que convivieron cerca de Lucy y deben enfrentarse ahora a su propia existencia. Allí está el viejo Tommy Guptill («La señal»), rememorando la extrema pobreza de los Barton y las estancias de Lucy en el colegio tras las clases para quedarse cerca del radiador, pero sin olvidar los propios fantasmas personales por el lejano incendio de su vaquería; Patty Nicely («Molinos de viento»), orientadora de secundaria, que deja una puerta abierta para que el lector conozca a su marido Sebastian, las peculiaridades de su matrimonio y la labor desempañada con los estudiantes en el colegio, pero con breves guiños al trabajo de costurera de la madre de los Barton y la crueldad de muchos niños ante las penurias de la familia; o Pete, el hermano de Lucy, con protagonismo propio en una de las narraciones («Hermana»), pero donde el interés se centra a la vez en la fortaleza y la debilidad de las relaciones humanas.

Entonces, ¿hay que ver en Todo es posible una continuación o secuela de lo acontecido en Me llamo Lucy Barton? No me atrevería a dar una respuesta categórica. Los nueve relatos que conforman el volumen pretenden estar hilados por un nexo común, pero el lector ya se ha desprendido aquí del hospital de Manhattan para dar voz a nuevas vidas repletas de matices que merecen ser conocidas. No es Lucy la que importa —salvo en el texto «Hermana» donde Strout la recupera momentáneamente—, sino la historia de otros que quisieron, por voluntad propia o por destino caprichoso, andar parte de ese mismo sendero. Por tanto, no es imprescindible indagar en Me llamo Lucy Barton para asimilar estas narraciones, pues tienen entidad y peso suficientes; no obstante, sin ser necesario, un mínimo acercamiento a la novela sería aconsejable para entender, sin ningún atisbo de duda, cada huella dejada por la autora.

Me permito la licencia de recuperar un breve fragmento de lo que dije hace algunos meses sobre Me llamo Lucy Barton: «No debe pretender el lector hallar en estas páginas una acción vibrante, un secreto velado o algún misterio por resolver. Lo que ofrece […] es sentimiento puro, un destripe del alma marcado por la soledad de la protagonista». Lo mismo se puede aplicar para Todo es posible. Elizabeth Strout reincide en una prosa sencilla para eliminar las capas opresivas de sus personajes y hacerlos florecer en sus triunfos, pero también en esas parcelas en las que creen codearse con el vacío. Strout posee una innegable capacidad para trasladar al papel retales del mundo que nos rodea; como si, con un cuaderno de notas y un lápiz, se sentara paciente tras los visillos de una ventana para recoger, sin perder ni un ápice, vidas en las que todo es posible.

Elizabeth Strout en La Caverna Literaria

8 comentarios:

  1. Tengo muchas ganas de hacerme con él =)

    Besotes

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  2. Tu reseña me ha convencido, pero creo que comenzaré con Lucy Barton como recomiendas.
    Un beso.

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  3. Tendré que empezar con Lucy Barton. Pero me queda claro que tengo que leer ambos libros.
    Besotes!!!

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  4. Yo tengo a Lucy esperando, así que creo que primero me animaría con esa antes que con esta. Besos

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  5. Qué bonita reseña, me convencería totalmente si no fuera porque con "Me llamo Lucy Barton" no conecté lo que me hubiera gustado. Me alegro de que la hayas disfrutado tanto ;)

    Besitos

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  6. Tengo pendiente Me llamo Lucy Barton, espero leerla en breve y ya te contaré...
    Gracias por tus impresiones.

    Un abrazo.

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  7. Me sorprendió gratamente su anterior libro, así que no dudaré en darle una oportunidad a este. Un abrazo!

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  8. ¡Hola, Jesús!

    Qué gran reseña. Me encantaría leerlo este año. Ojalá saque tiempo dentro de poco.
    Muchas gracias por tu opinión.

    ¡Un abrazo grande!

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