11 de diciembre de 2017

Reseña — «Cuando la miel muere», de Hanni Münzer

La joven e inquieta Felicity acaba de terminar sus estudios de medicina y se dispone a irse a Afganistán con una ONG. Una llamada de su padre, enfermo en una silla de ruedas, va a cambiar todo. Su madre no ha vuelto a casa tras ir a la residencia a recoger las pertenencias de la abuela Déborah que acaba de fallecer. En la residencia le dicen que se marchó muy agitada llevando una caja. Los movimientos de su tarjeta apuntan a que, incomprensiblemente, se ha ido a Roma. Felicity toma un avión y parte en su búsqueda. Termina encontrándola en un hotel, enajenada, rodeada de viejos artículos de prensa y documentos, y con un diario de la abuela escrito en hebreo. ¿Por qué se fue a Roma la madre de Felicity? ¿Qué esconde el misterioso diario? Un dramático secreto familiar, vinculado a uno de los capítulos más sombríos del pasado europeo.
Alianza Editorial  |  2017  |  464 páginas
Título original: Honigtot
Traductor: Jorge Seca Gil
ISBN: 978-84-9104-766-7
Si hay algo que nos enseña la historia es que el ser humano ha sido artífice de grandes progresos, creaciones artísticas y gestas heroicas, pero también ha engendrado las mayores atrocidades y abusos contra sus semejantes. Los libros nos dejan un pasado lleno de tinieblas y hostilidades, una oscuridad de la que el hombre se niega a aprender para repetir incesantemente los errores de otras épocas. Parte de esos negros episodios, marcados por la muerte y por testimonios desgarradores, han servido como campo de cultivo para muchos escritores, casi en un intento de gritar —y recordar— lo que la humanidad ha sido capaz de hacer. Hanni Münzer, autora alemana, sigue la estela de otras tantas novelas que rememoran los años de una Europa acosada por el nacionalsocialismo alemán, el imparable ascenso de Adolf Hitler y el holocausto judío. Así, Cuando la miel muere —éxito de autoedición con el respaldo del semanario Der Spiegel— recrea, a través de cuatro generaciones de mujeres, las consecuencias que tuvo en sus vidas el régimen totalitario del nazismo. Os cuento con detalle.

La novela comienza en Seattle, en mayo de 2012, justo cuando Felicity está a punto de emprender un viaje hacia Kabul para trabajar como personal sanitario en la organización Médicos del Mundo. Antes, en un breve prólogo, presenta la historia de su pasado: «La verdad sigue su propia física. Cuando menos te lo esperas, asciende a la superficie como una burbuja en el agua, y nos acusa. Esto fue lo que le ocurrió a mi familia cuando murió mi abuela y mi madre desapareció ese mismo día, sin dejar rastro» (pág. 15). Ese último suceso —la huida de Martha antes de trasladar a su hija al aeropuerto— cambia la ruta prevista. Felicity cuenta con pocos detalles para hallar una explicación coherente: el día anterior su madre había acudido a la residencia donde había estado interna su abuela —recientemente fallecida—, para abandonarla poco después, alterada, con una caja bajo el brazo. Unas cuantas pistas hacen sospechar del traslado de Martha a Roma, por lo que Felicity pospondrá su futuro en Afganistán para conseguir respuestas. Será allí, en la capital italiana, donde madre e hija, con la ayuda del padre Simone, descubran el verdadero origen de su familia.

El título de la novela, Cuando la miel muere, está tomado de un poema que el padre de Martha escribió para su madre. Lo que ella cree una farsa mantenida durante años no es más que la primera capa de una historia compleja que conocerá gracias a unos textos escritos en hebreo, con una nota que abre la senda del doloroso recuerdo: «Hoy me he enterado por mi doctor de que tengo alzhéimer en una fase temprana. Me parece una atroz ironía del destino, pues toda mi vida la he dedicado a olvidar mi pasado. […] Antes de que suceda quiero recuperar aquello que debí haber hecho hace mucho tiempo: contarte la historia de nuestra familia, decirte quiénes somos y de dónde vienes tú» (pág. 47). El testimonio póstumo viaja en el tiempo hasta noviembre de 1923, en la ciudad de Múnich, con el reciente matrimonio de Gustav —prestigioso médico judío— y Elisabeth —reconocida cantante de ópera—. La felicidad de la pareja se completa poco meses después con el nacimiento de Déborah, quien irónicamente llegaba al mundo «con buena estrella porque su futuro hogar era feliz y estaba lleno de música, […] en un entorno provisto de todas las comodidades burguesas» (pág. 79). Y es que, algunos años más tarde, la detención y el secuestro de Gustav terminarían por marcar irremediablemente el rumbo de la familia, obligada en su desdicha a planificar la huida a tierras londinenses en busca de un horizonte más prometedor. 

Estas breves anotaciones solo aportan un boceto inicial del magnífico retrato que esconde Hanni Münzer en su novela, un recorrido en el que, con innegable maestría, entrelaza la ficción con los sucesos históricos de una Alemania a la sombra del nacionalsocialismo. Allí se relata el primer intento de golpe de estado de Adolf Hitler y el nacimiento de Mi lucha en la prisión de Landsberg; el ataque a la prensa a través de Fritz Gerlich, redactor en el Münchner Neueste Nachrichten y fundador en 1932 de Der gerade Weg (El camino recto) —en palabras de la autora, «está en representación de todos aquellos periodistas valientes que se enfrentaron diariamente al disparate dictatorial en el mundo, que quiere silenciar la voz de la verdad, pues los dictadores no le temen nada más que a la verdad» (pág. 458)—; la trágica «noche de los cuchillos largos» y los infames crímenes en los campos de concentración —«[…] el arma más efectiva del régimen nacionalsocialista, su única y verdadera arma milagrosa: la facultad de devorar personas por completo y de hacerlas desaparecer para siempre en las tierras bajas del mal» (pág. 174)—; y allí, para vergüenza eterna del ser humano, la «solución final», el exterminio de millones de judíos en el corazón de Europa.

Cuando la miel muere, de Hanni Münzer, es de esas novelas que obligan a tener siempre a mano papel y lápiz: son innumerables las reflexiones, citas y sentencias que la autora disemina en la narración a través de sus personajes. Ahí está en gran parte el valor de este trabajo, en hacer que el lector se estremezca con aquella barbarie tantas veces contada, pero sin perder la mirada crítica sobre la bestialidad del hombre hacia el prójimo. Tal como recoge en algún momento de su obra, por entonces germinaba una nueva enfermedad, «y ésta se denominaba miedo», un terror del que ahora Münzer da una sintomatología certera y un diagnóstico irrefutable.

Entre los muchos que se marcharon [de Alemania] se encontraban unos veinte premios Nobel, ¡lo cual habría tenido que dar motivos para pensar «a la gente del extranjero»!, como observó el doctor, triste y colérico a partes iguales. Pues era así como comenzaba cualquier dictadura: no eran las ratas quienes abandonaban el barco que naufragaba, sino los mejores y más capaces para marcharse de un país consagrado al hundimiento. Los camisas pardas no querían tenerlos porque los inteligentes estorban el trajín malévolo de los vulgares (pág. 122).

Hanni Münzer en La Caverna Literaria

8 comentarios:

  1. Qué interesante ! Apuntado queda. Gracias por la reseña y te doy la bienvenida

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  2. Lo leí hace un tiempo y me gustó en líneas generales. Sólo me sobró la parte de Felicity, que creo que no le aportaba nada a la historia.
    Besotes!!!

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  3. Qué buenísima pinta, me lo llevo anotado porque seguro que me encanta esta historia.

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  4. Creo que es la reseña más positiva que he leído de este libro, todas las demás le ponían algunas pegas que me hacían dudar un poco. Nos tocó en un sorteo y me lo quedé yo así que lo tengo en casa esperando, y después de leerte, con energías renovadas :)

    ¡Besote!

    ¡Besote!

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  5. Este lo tenía descartado, algunas reseñas me dejaron fría. De momento no lo rescato
    Besos

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  6. Me ha gustado mucho lo que has contado de este libro, el cual no conocía. Y creo que puede ser una buena lectura, pues eso de las reflexiones e ir apuntando frases me encanta.
    Un abrazo

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  7. El argumento me resulta atractivo, no descarto leerla, gracias por tus impresiones.

    Saludos.

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  8. ¡Hola, Jesús!

    Caramba, parece un libro más que interesante. Creo que me lo voy a apuntar porque yo soy de esos a los que les encanta tomar notas de sus lecturas.

    ¡Un abrazo grande!

    Espero leerte pronto.

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