5 de mayo de 2017

«La pareja de al lado», de Shari Lapena

Tu vecina te dijo que preferiría que no llevaras a tu bebé de seis meses a la cena. No es nada personal, simplemente no soporta sus llantos. Tu marido estaba de acuerdo. Después de todo, vivís en la casa de al lado. Podíais llevaros el monitor infantil y turnaros para pasar a verla cada media hora. Tu hija dormía cuando fuiste a comprobar por última vez. Sin embargo, en este momento, mientras subes corriendo las escaleras hasta su habitación envuelta en un absoluto silencio, confirmas que tu peor pesadilla se ha hecho realidad: ha desaparecido. Nunca antes habías tenido que llamar a la policía. Ahora están en tu casa y quién sabe lo que pueden llegar a descubrir.
Suma de Letras  |  2017  |  390 pp.
Título original: The Couple Next Door.
Traductora: Ana Momplet. 
ISBN: 978-84-9129-065-0.
Unos amigos proponen una cena. La idea no pinta mal. Preparas unos aperitivos. Un buen vino. Una charla amena. Y las horas del reloj volando. Ahora añadamos algunos elementos. Un bebé. Una mujer que no soporta a los recién nacidos. Una canguro que falla. Una depresión. Y, como guinda, una decisión desafortunada. Así de fácil es pasar de una velada idílica al entorno que dibuja Shari Lapena en su debut dentro de la novela de suspense. La escritora toma como punto de partida el peor escenario para unos padres primerizos, situación que nace de una negligencia para convertirse en algo más grande que se aparta de cualquier descuido paternal. Lástima que la obra quede deslucida por unos personajes poco creíbles. Os cuento con detalle.

La pareja de al lado centra las primeras páginas en Anne y en su reciente maternidad. Sin embargo, lejos de las alegrías que podría proporcionarle su nuevo estado, Anne está acorralada por sus inseguridades, sobre todo en lo que tiene que ver con el aspecto físico. Es uno de los motivos por los que no oculta una férrea animadversión por Cynthia, su vecina, en la que ve una amenaza para su matrimonio con Marco. En ella intuye a una rival inalcanzable para un enfrentamiento en el que Anne se siente desnuda, desprovista de armas —materiales y psicológicas— con las que vencer («[…] ni en su mejor momento podría competir con Cynthia, su alta y escultural vecina, con sus largas piernas, su cintura estrecha y sus grandes pechos […]», pág. 11). No obstante, a pesar de todo, accede a la cena propuesta por Cynthia y Graham, después de no haber sido capaz de frenar los continuos requerimientos de Marco para pasar una reunión distendida. Pronto se arrepiente de su rendición, cuando descubre en una de las rondas para vigilar a Cora que ha desaparecido de la cuna. 

Shari Lapena no se deja llevar por digresiones inútiles, por lo que en el primer capítulo hace saltar todo por los aires con la ausencia del bebé. Como se puede intuir ante la comentada inestabilidad de Anne, el terrible hallazgo supone una lacra más para la flagelación de una protagonista que parece rodeada de una innegable connivencia, y donde cada minúsculo matiz añade más peso a su carácter voluble. La investigación se pone en manos del inspector Rasbach, encargado de recopilar las primeras pesquisas y de realizar los interrogatorios en la escena del crimen. Todas las líneas permanecen abiertas, desde un secuestro fortuito hasta una trama organizada, sin perder de vista el posible asesinato. A medida que el lector recibe informaciones acerca de los vínculos entre los diferentes personajes, sentirá que cada una de esas sendas es perfectamente factible; sin embargo, solo una se revelará como el camino correcto.

Con estas pinceladas es más que palpable el atractivo que poseen los entresijos trazados por Shari Lapena. Aun así, hay algo que es tan importante como la correcta construcción de la trama: la elaboración de unos protagonistas verosímiles. Es aquí donde, desde mi punto de vista, flaquea La pareja de al lado. Si se parte del análisis de la premisa sobre la que se sustenta la narración —la desaparición de Cora—, ya el lector halla dificultades para aceptar el hecho de que unos padres «abandonen» a un bebé en su casa simplemente para cenar con unos amigos; da igual que estén pared con pared y que realicen visitas cada media hora, sigue siendo un acto hasta cierto punto inconcebible. Pero aún se puede ir un paso más allá. Imaginemos que se admite tal despropósito; cuando el caso comienza a ser desgranado por la policía, constantemente se perciben en los personajes ciertos comportamientos que ponen en duda la coherencia en las distintas maneras de actuar. Es difícil ejemplificar este punto sin destripar el contenido de la novela, pero cualquiera que pase por sus páginas lo entendería de inmediato. Intentaré, de todos modos, ilustrar este aspecto. Como se ha indicado más arriba, los miedos de Anne son la causa de que se fustigue en sus tóxicos pensamientos de una manera reiterada. En una de esas cavilaciones llega a la siguiente conclusión: «De pronto le entran las dudas, y se da cuenta de lo desacertado de la situación. ¿Quién se va a una cena con los vecinos dejando a su bebé solo en casa? ¿Qué clase de madre hace algo así? Vuelve a sentir la agonía de siempre inundándola: no es una buena madre» (pág. 12). Con estas pocas líneas se clarifica un poco lo que quiero señalar: si la madre repite de forma obsesiva este juicio, ¿por qué hace justo lo que se reprocha? Es cierto que se podría achacar a la inestabilidad tras el parto, hecho que la vuelve vulnerable y, sobre todo, manipulable, pero no deja de chocar el desatino de su actuación. Podría considerarse como una mera anécdota, pero deja de serlo desde el momento en que las incongruencias se trasladan a otros perfiles. Irremediablemente, la novela acaba resintiéndose. 

Hay ocasiones en que, a pesar de las trabas y las carencias, se consigue una grado aceptable de satisfacción tras finalizar la lectura. Es lo que ocurre con La pareja de al lado. Más allá de las debilidades subrayadas en el esbozo de los personajes, Shari Lapena convence por la evolución de las distintas líneas argumentales y por el permanente juego de apariencias que propone al lector. Entre los puntos que favorecen la novela se encuentra conocer la identidad del responsable de la desaparición de Cora hacia mitad del libro, lo que no resta interés; todo lo contrario, funciona como revulsivo, pues anima a seguir pasando las páginas para conocer el cauce que toma la ficción. Lapena nutre la narración con varios giros hasta el desenlace, con los que consigue salir airosa y paliar los obstáculos comentados. Con una gran escena final que sorprende incluso al lector más despierto, La pareja de al lado cumple su objetivo de entretener, pero con la sensación de haber dejado escapar una apuesta ganadora. 

Shari Lapena en La Caverna Literaria