5 de abril de 2017

«El código Da Vinci», de Dan Brown (edición juvenil)

El cadáver del eminente comisario del museo del Louvre aparece rodeado de varios mensajes cifrados. La policía tiene razones para detener e interrogar a Robert Langdon, profesor de Harvard especializado en simbología; sin embargo, este consigue escapar con la ayuda de Sophie Neveu, criptógrafa de la policía y nieta de la víctima. El crimen arrastra a Robert y Sophie a una peligrosa búsqueda a través de Europa, perseguidos por un fantasmagórico asesino. 
Planeta  |  2016  |  472 pp.
Título original: The Da Vinci Code.
Traductora: María José Díez Pérez.
ISBN: 978-84-08-16315-2.
Nada nuevo hay que contar del gran éxito de ventas del escritor estadounidense Dan Brown. Casi quince años han pasado desde que viera la luz El código Da Vinci, novela que haría mundialmente famoso al experto en iconología religiosa Robert Langdon, nacido tres años antes en Ángeles y demonios. Luego llegarían El símbolo perdido e Inferno, así como tres adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, las investigaciones en torno al artífice de la Mona Lisa continúan siendo el buque insignia del autor, de ahí que todavía se procure sacar rédito de la novela. A finales de 2016 se publicaba una nueva edición de El código Da Vinci bajo la etiqueta «young adult», una revisión con la que, en palabras de Brown, se intentaría transmitir su entusiasmo a nuevos lectores. ¿El resultado? La misma historia abreviada con un apéndice gráfico. No obstante, la cuestión ha de ubicarse en otro sitio: ¿realmente son necesarias estas modificaciones? Os cuento con detalle.

El código Da Vinci principia su recorrido en París, donde el profesor Robert Langdon imparte una conferencia sobre simbolismo pagano. Es su vasto conocimiento en la materia lo que le lleva ante Jérôme Collet y Bezu Fache, miembros de la Dirección General de la Policía Judicial. El truculento asesinato del comisario Jacques Saunière en el museo de Louvre, con el que tenía prevista una reunión, sitúa a Langdon en el centro de las sospechas. El cadáver despliega los primeros enigmas de la vertiginosa investigación, con innegables referencias a la producción artística de Da Vinci. Como es habitual en esta serie de novelas, el protagonista no realiza el peregrinaje solo: en esta ocasión cuenta con la ayuda de Sophie Neveu, criptógrafa y nieta del fallecido. Con todos los actores sobre las tablas, la acción se activa de inmediato en una acelerada carrera que, a su vez, se transforma en un amplio paseo por lugares y obras de arte emblemáticos. Y en medio de todo el caos, el priorato de Sión y el Opus Dei se sentarán pacientes en primera fila, esperando la jugada maestra que decante la balanza.

Mentiría si dijera que no sentí curiosidad por esta adaptación. Leí por primera vez El código Da Vinci al poco tiempo de su salida al mercado editorial. Guardo buen recuerdo de todos aquellos contratiempos y rompecabezas por los que pasaba Langdon hasta la resolución apoteósica del enigma. Tanto es así que he asistido puntual al resto de viajes propuestos en Ángeles y demonios, El símbolo perdido e Inferno, aunque no con la misma suerte. Pero de lo que nunca he dudado es que todas estas lecturas siempre me han parecido adecuadas para el gran público. Por tanto, ¿precisaba El código Da Vinci de esta revisión? No lo creo. Después de haber pasado por las páginas de ambos volúmenes, la conclusión es clara: un adolescente —o ese «young adult» del que hablan las modas literarias— interesado en la lectura está más que capacitado para superar los mínimos obstáculos del texto original de Brown. Aun así, habría que romper una lanza a favor del proyecto. Siempre he pensado que cualquier iniciativa en el mundo de las letras que fomente la lectura en el público más joven no debe quedarse bajo llave en un cajón; por este motivo, la revisión de la odisea más famosa de Langdon merecerá su hueco desde el mismo instante en que encienda la chispa en el interior de nuevos lectores.

No deja de ser llamativo que, a pesar de estar enfocada la adaptación a un público específico, no se percibe en su exterior ninguna aviso al respecto. Sí destaca en este libro la inclusión de un apéndice gráfico que permite la consulta inmediata de gran parte de las obras y ubicaciones mencionadas en la novela: sirvan como ejemplo La virgen de las rocas, la Mona Lisa y La última cena, de Leonardo Da Vinci; la iglesia de Saint-Sulpice, en París; o la capilla de Rosslyn, en Escocia. Además, añade un estímulo para los lectores: la resolución de acertijos formulados en una página web, con las pistas necesarias contenidas en el mismo volumen. La idea podría haber funcionado como un destacado revulsivo, pero al final se queda en dar respuesta a un deslucido cuestionario. En cualquier caso, esta edición juvenil de El código Da Vinci ha resucitado el proyecto más fructífero de Dan Brown. Con el firme propósito de cautivar a un nuevo público, la novela ha sufrido un lavado de imagen con recortes, texto adaptado, imágenes, juegos y un prólogo del autor. Ya queda en la valoración personal de cada lector si estos retoques eran realmente necesarios.

Muchas gracias a Planeta por el ejemplar facilitado

Dan Brown en La Caverna Literaria