24 de diciembre de 2016

"Las chimeneas ya no echan humo", de Paolo Zardi

En un futuro distópico un hombre común y corriente ve cómo de la noche a la mañana su vida tranquila y previsible acaba convirtiéndose en algo atroz. Sus idas a los centros comerciales para captar clientes, las apacibles charlas con su mujer, los desayunos con sus hijos, todo quedará aniquilado por el peso de un trágico acontecimiento. Profundamente contemporánea e íntima, esta obra cuestiona los fundamentos de nuestra identidad colectiva e individual, al tiempo que hace un valiente intento por comprender el significado actual de la palabra amor, y explora la capacidad del ser humano para llegar a la verdad que se esconde bajo los escombros de sus creencias y certezas.
Tropo Editores | 1ª edición | 2016 | 163 pp.
Título original: XXI Secolo.
Traducción: Celia Filipetto.
ISBN: 978-84-945153-3-0.
Ante la hiperbólica oferta editorial que asalta año tras año los expositores de centros comerciales y librerías, no es fácil llamar la atención de lectores ávidos de nuevas historias. Sin embargo, hay veces en las que el solo título de una publicación, esas primeras letras que presentan la obra ante unos ojos inquietos, intenta desgarrarse para caer en manos curiosas. Es lo que ocurre con Las chimeneas ya no echan humo, de Paolo Zardi —finalista del Premio Strega 2015 y del Premio Benedetto Croce di Pescasserol—; seis palabras que buscan seducir, inquietar y crear dudas que lleven a indagar en las primeras paginas. ¿Por qué han dejado de funcionar esas chimeneas? ¿Quién las mantenía? ¿Qué ha pasado para que se desentiendan de ellas? Y el lector verá, poco a poco, que detrás se esconde una metáfora que duele. Os cuento con detalle.

La novela no se pierde en digresiones para hacer saltar todo por los aires desde el inicio: el protagonista de la ficción —del que no se da nombre— recibe la noticia del ictus que ha sufrido su mujer, ahora en coma. La llegada a casa, diferente a cualquier otro día, marca el comienzo de una ruptura con lo conocido: la rutina desaparece, su familia se desintegra y las nuevas circunstancias no son nada alentadoras. Desde aquí se extiende un constante miedo al cambio, a no saber tomar las riendas de una situación impuesta. Entre las visitas al hospital, el hotel donde se aloja y su trabajo —venta a domicilio de depuradores de agua—, ve cómo la vida transcurre, cómo todo lo que había soñado se desvanece, cómo el trastorno físico no es lo único que altera el entorno, sino también la enfermedad del alma. Y de repente, la traición inesperada lo sume todo en tinieblas.

Lo importante de Las chimeneas ya no echan humo no está solo en lo anecdótico de estos figurantes, sino en el contexto que magistralmente crea Paolo Zardi para hablar de esa sociedad distópica en la que el futuro de la humanidad parece haber desaparecido. La decadencia, presente página tras página, se convierte también en protagonista de la ficción. No hay un párrafo en el que no se transmita pesadumbre, dolor y tristeza por el ocaso que se vislumbra en el horizonte: ahí está el fanatismo religioso, el retroceso científico o la intolerancia racial; y, a pesar de todo, nadie está dispuesto a luchar por un nuevo orden: el odio «fue dejando paso a una forma inédita de resentimiento primitivo, inclasificable, desestructurado, totalizador» (p. 32); «nadie recordaba cómo había comenzado el declive. […] Seguían adelante por inercia, por costumbre, por cansancio, las caras apagadas, poscoitales» (p.46). No hay que perder de vista que Zardi sitúa la acción casi a mediados del siglo XXI, por lo que es inevitable intuir una advertencia de lo que podría dar de sí el planeta en pocos años: en la novela hay contaminación, tanques en las fronteras, cabezas nucleares y pena de muerte. Podría parecer exagerada la metáfora de aquellas chimeneas, pero la realidad es que de lo narrado se desprende un aviso a los lectores. El autor proyecta una sociedad bien conocida, por lo que asusta la sola idea de que se cumpla una mínima parte de ese pésimo mañana.

Las chimeneas ya no echan humo, de Paolo Zardi, es la historia de una familia cualquiera, reconocible, cercana, que ve desaparecer de un día para otro la cómoda rutina para dejar paso a un deterioro incontrolable. Pero más allá de las emociones personales, lo que el lector halla en esta fábula es un grito desesperado que se intuye desde el mismo título, un relato que se abre en canal para mostrar el declive del ser humano, una realidad tangible que se desmorona ante nuestros ojos. Zardi recrea un escenario distópico que sobrecoge, no tanto por la indudable capacidad inventiva del autor, sino por las pinceladas de un trasfondo hipotético que casi se puede acariciar. Y eso, en ocasiones, estremece.

 «En una de las canciones, una mujer con voz un tanto estridente cantaba: “Mira desde la llanura, las chimeneas ya no echan humo”. Ahora, después de tantos años, el mundo había regresado a esa desolación posbélica. Las fábricas se habían parado, pero esta vez capitalistas y proletarios habían sido sesgados juntos, y sus cuerpos caídos se confundían en los extrarradios, en los aparcamientos de los centros comerciales, en las colas frente de los comedores sociales» (pp. 93-94)

Muchas gracias a Tropo Editores y Nostromo Comunicación 
por el ejemplar facilitado


Paolo Zardi en La Caverna Literaria

10 comentarios:

  1. ¡Hola! Vaya este libro es para reflexionar y tomar con calma su lectura. Es interesante encontrar un libro así. Saludos.

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    1. Así es, Patricia. A pesar de ser una lectura corta, necesita su tiempo. Da para muchas reflexiones. ¡Un saludo!

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  2. No me gustan mucho las distopías, aunque he leído alguna interesante y esta que nos cuentas hoy lo parece y mucho. Apuntada queda.
    Un beso.

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    1. ¡Estupendo, Rosa! Yo tampoco he andado mucho por mundos distópicos, pero este paseo ha sido grato. ¡Besos!

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  3. No tengo la cabeza ahora mismo para este tipo de libros, la verdad. Creo que lo dejo pasar
    Besos

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    1. ¡Coincidiremos en otra ocasión! Un beso.

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  4. Pues yo también voy a descartarla, no creo que esta novela sea para mí, pero gracias.
    Un beso

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    1. Como le he dicho a Carla más arriba, ya tendremos ocasión de coincidir en otras lecturas. ¡Un beso!

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  5. No lo conocía pero no creo que lo lea de momento por falta de tiempo y exceso de pendientes.
    Muy buena reseña.
    ¡Nos leemos!😊

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras. ¡Saludos!

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