27 de mayo de 2016

"Los nombres del fuego", de Fernando J. López

Abril y Xalaquia tienen mucho en común. Las dos acaban de cumplir dieciséis años. Las dos quieren ser dueñas de su futuro. Y las dos están a punto de ver cómo su vida cambia para siempre. Solo las separa el tiempo y el espacio: del Tenochtitlan del siglo XVI al Madrid del siglo XXI. Dos mundos en los que ambas se verán obligadas a emprender, en compañía de sus amigos, un arriesgado viaje. Dos recorridos a través de la magia y el misterio que comparten un mismo y último interrogante, el de la identidad. Y es que quizá la respuesta tenga que ver con la verdad oculta tras sus nombres. O con la necesidad que sienten Abril y Xalaquia de incendiar el cielo con sus ganas de ser. De serlo todo… Y de serlo ahora.
Contraportada | Loqueleo | 1ª edición | 2016 | 316 pp.
ISBN: 978-84-9122-156-2.
Hablar de la narrativa de Fernando J. López se está convirtiendo en un auténtico placer. Tuve oportunidad de acercarme por primera vez a su literatura con el desgarrador relato de La edad de la ira para, poco tiempo después, sentir las intensas puñaladas en los párrafos de La inmortalidad del cangrejo. Son estas sensaciones las que, irremediablemente, me conducen con plena ceguera a querer destapar más rincones del autor. Ahora llega el turno de Los nombres del fuego, novela destinada a un público juvenil, pero con un trasfondo del que puede aprender cualquier lector. Los mensajes diseminados entre saltos temporales, evocaciones y magia conforman una propuesta en la que, además de una excitante aventura, es fácil rescatar determinados temas que ocupan habitualmente —y por desgracia— la actualidad más cercana. Es hora de comenzar el viaje.

Los nombres del fuego ubica sus primeras páginas en la capital del Imperio azteca, Tenochtitlan, en el año 1519. La resistencia de un guerrero tlaxcalteca ante su inminente sacrificio por las filas enemigas sirve como escenario para la introducción de la primera protagonista, Xalaquia, cuyas peticiones a la diosa Coatlicue median para evitar el ajusticiamiento. Esta toma de contacto, que fija las coordenadas de gran parte de los entresijos de la narración, resalta a su vez la importancia de los sucesos históricos acontecidos en los albores del siglo XVI durante el desafuero de la conquista del Nuevo Mundo. No es sólo una ambientación para la trama, ni un entorno exótico que marque la diferencia; la recuperación de estas lindes dice en la historia mucho más de lo que pueda apuntar en un inicio.

En la otra cara de la moneda se reseña la vida de Abril, ahora en pleno siglo XXI. Nada parece tener que ver con la joven Xalaquia, pero pronto aparecen inquietantes guiños que van trazando una atractiva conexión entre las adolescentes. El uso en esta parte de la novela de la narración en primera persona acerca el relato al concepto de diario, por lo que el lector siente la cercanía de las constantes reflexiones de la protagonista acerca del divorcio de sus padres, el recelo por algunas relaciones o las vicisitudes de su grupo de amigos. Cada fragmento de la vida de Abril es acompañado por un regreso a tierras americanas. Allí se conocen las preocupaciones de Xalaquia, su rebeldía como parte de una sociedad patriarcal, y el fuerte deseo de cambiar las injusticias de su pueblo. Poco a poco se presentan otro colaboradores que completan este universo mágico: Ohtonqui, representante de la autoridad; Zeltzin, amiga de Xalaquia perdida en la debilidad y la falta de riesgo; u Ocelotl, combatiente tlaxcalteca en el que se vislumbra un posible acercamiento entre fuerzas enemigas. Tampoco Abril estará sola: vive su día a día con Nico, amigo homosexual que sufre las impertinencias de sus compañeros; Marina, con una relación tóxica que cambia su manera de ser; o Iván, recién llegado al centro de estudios y pieza indispensable para la protagonista.

Los nombres del fuego, con un relato que se mueve entre Madrid, París y México, es más que una novela juvenil, más que una simple ficción para adolescentes en la que sólo interesa ser una cara popular o lamentarse por no alcanzar un amor imposible. Fernando J. López tenía un proyecto claro, definido y con un mensaje que necesitaba transmitir a sus potenciales lectores. Es por eso que, a pesar de no acaparar la primera línea de la narración, se hallan a lo largo del libro múltiples temas sobre los que recapacitar minuciosamente, sobre todo teniendo en cuenta el lugar que ocupan en las aulas cada vez con mayor frecuencia. Así, más allá de conquistas, amistades, viajes de clase o tecnologías, Los nombres del fuego es una denuncia contra el acoso escolar, el sexismo, la violencia de género o la homofobia, y un grito en defensa de la igualdad y la convivencia intercultural. Por esto merece la pena descubrir a Abril y Xalaquia, porque no es una historia más para un público impasible, sino para destinatarios capaces de desgranar cada página y poner en valor el sentido de la obra.

Merece la pena mencionar como cierre de esta entrada el universo «transmedia» que ha puesto en marcha el sello editorial Loqueleo para traspasar las fronteras físicas del libro. Desde la web dedicada a Los nombres del fuego (enlace) se facilita el acceso a nuevos contenidos que enriquecen la experiencia y la interacción con los lectores. Además de vínculos a diversas plataformas sociales (Twitter, Instagram y Facebook), la página ofrece varias secciones que conectan con las inquietudes de los personajes: «El mundo mágico de Xalaquia» (mitología), «Los dibujos de Marina», «Las fotografías de Abril», «El blog de Nico» (periodismo), «El cine del fuego» y «La música del fuego» (lista de reproducción en Spotify). Sin duda, una interesante iniciativa con las que prolongar los sueños del papel.

Muchas gracias a Fernando J. López por el ejemplar facilitado

Fernando J. López en La Caverna Literaria

12 comentarios:

  1. Este no es para mí y no me atrae demasiado. Gracias por la reseña.
    Un beso ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias a ti por pasarte, Natàlia! Besos.

      Eliminar
  2. Ostras, tiene una pinta estupenda. Yo creo que me gustaría, así que tomo nota aunque a saber para cuándo le llegaría el turno...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra saber que vas a tener en cuenta esta lectura. ¡Un beso!

      Eliminar
  3. Del autor tengo pendiente la edad de la ira y será con el que me estrene. Después, ya veremos
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Una excelente elección! También fue mi primera novela de Fernando. ¡Saludos!

      Eliminar
  4. Van pasando los días y aún no la he leído, Fernando me va a matar... A ver si le hago un hueco pronto. ¡No me da la vida!

    Un abrazote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues ya espero con ganas tu opinión, como siempre. ¡Va otro abrazo!

      Eliminar
  5. Pues no he leído aún nada de este autor y veo que tengo que ir haciéndole hueco.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  6. Pinta interesante, y eso de que le hayan dedicado un universo transmedia muestra la fe que tiene la editorial en el libro. ¡Me lo apunto!
    Muchas gracias por la reseña, un saludo :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias a ti por pasarte y comentar la reseña! Saludos.

      Eliminar