10 de abril de 2014

"Siete días de Gracia", de Carla Gràcia Mercadé.

La Revuelta de las Quintas de 1870 fue una de las tantas guerras que ha soportado un pueblo para rebelarse por leyes que únicamente protegen los intereses de unos pocos mientras truncan la vida de muchos. El alzamiento tuvo lugar en varias ciudades de España como Málaga, Béjar o Salamanca, pero en Cataluña fue más largo y sangriento. La villa de Gracia, cruelmente asediada por los cañones y las tropas que disparaban desde la calle Provenza y el Paseo de Gracia de Barcelona, fue el principal bastión de la resistencia popular. Cuenta la leyenda que una mujer sin apellidos ni pasado fue la voz del pueblo y que, en el momento más cruel del conflicto, siguió tocando las campanas de la torre del reloj, frente al ayuntamiento de Gracia, para mantener viva la lucha. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué la empujó a tomar partido en aquella guerra? Durante los siete días que duró el alzamiento, descubriremos la vida de Mariana y todos sus secretos.

Solapa | Grijalbo | 1ª edición | 2014 | 376 pp.
Traducción de Francisco J. Ramos Mena.

Siempre he creído que escribir una obra literaria en la que se compacten adecuadamente los entresijos de la ficción con un trasfondo histórico que resulte atractivo para los lectores es una labor encomiable: por un lado, se precisa de la capacidad para crear un nuevo microcosmos que se adapte a una coyuntura política y social que, a priori, tiene que ser reproducida con mínimas licencias; por otro, la unión de planos debe encontrar el justo medio para cautivar las emociones —ni el discurso ensayístico tiene que sobresalir en detrimento de los pasajes ficticios, ni estos últimos pueden anular el contexto en el que se ubican—. Quizás por estas condiciones, Siete días de Gracia, primera novela de la escritora Carla Gràcia Mercadé, se ha convertido al instante en una de las propuestas narrativas más completas de mis últimas lecturas. Los sentimientos subyugados por la impotencia, la rebelión popular contra los grilletes opresores, y un cajón de secretos que se abre entre presente y pasado son las principales bazas para un argumento que invita a la reflexión sobre el abuso del poder, pero donde las intrigas familiares seducen tanto como la ofensiva en las calles barcelonesas.

La novela traslada al lector a la semana transcurrida entre el 3 y el 9 de abril de 1870, en plena villa de Gracia. Aquel corto intervalo quedaría en la memoria histórica como la Revuelta de las Quintas, movimiento de las clases bajas contra las fuerzas dirigidas por Eugenio de Gaminde con motivo de la restauración del sistema de levas. Esta práctica, que tenía como único propósito engrosar las filas militares de la nación, implicaba un sorteo entre los ciudadanos que formaban parte del registro municipal, y del que sólo quedaban excluidos aquellos que aportaban una cantidad económica como vía de acceso a la calma ante un hipotético conflicto. Aquí se sitúa el punto de partida de Siete días de Gracia, que dirige fundamentalmente su mirada hacia la rebeldía y la disconformidad de un pueblo que sufría otra vez por la precariedad de sus vidas. Dentro de dicho núcleo se alza la voz de Mariana, protagonista en la que quedan vinculados el contexto histórico y la ficción literaria. Representa en sus intervenciones el sentir de sus compatriotas, el desasosiego por el entorno caótico y beligerante, así como la plena convicción en las creencias que incitan de manera permanente a la lucha. Será ella la que, sin descanso, haga sonar las temerosas campanas del barrio, testigos indiscutibles de la revuelta.

El angustioso tañido, omnipresente en cada avance de la trifulca, marca el tiempo narrativo de la novela, dirigiendo al lector no sólo por el presente de esa mujer humilde de la que habla la leyenda —«encarnación del Pueblo con mayúscula»—, sino por unos orígenes familiares con los que justificar la razón de ser de Mariana. Poco se conoce sobre la figura al inicio de una trama en la que los interrogantes adquieren el peso suficiente para no dejar ver más allá del personaje; no obstante, los continuos saltos en el tiempo arrojan paulatinamente la luz necesaria a cada resquicio de su vida, conformando con las últimas páginas una biografía completa que se posiciona como auténtica esencia del relato. Esas parcelas truncadas que necesitan ser recompuestas son las que permiten introducir a los demás artífices de una rebelión no sólo externa —alimentada con cañones y cuchillos traicioneros—, sino también interna, donde los personajes, sin olvidar el desastroso desenlace que se intuye en la pugna contra el autoritarismo, dejan ver confidencias y rencores que han permanecido ocultos durante décadas.

El celo con el que la protagonista ha ocultado su rabia ante un destino caprichoso conduce a los lectores hasta la familia Lledó, encabezada en un primer momento por Pacián y su esposa Consuelo, pero que pronto son relevados por sus nietos, Marcial y Félix. La conexión emocional creada desde la infancia, así como la diferencia de caracteres en la edad adulta, forjan las continuas tensiones entre unos protagonistas que se mueven entre el deseo de autonomía y libertad, y el propósito de seguir aumentando la riqueza de las empresas familiares; en pocas palabras, proyectos muy dispares que pondrán sobre la mesa importantes sacrificios para lograr el éxito absoluto, sin importar el precio que deban pagar por ello. El crecimiento de Marcial, Félix y Mariana a través de los secretos de los Lledó, alterna con constantes escenas del avance militar en las calles de Gracia, donde el fervor del pueblo apenas halla puntos de flaqueza que den pie para la represión militar en la Revuelta de las Quintas.

No es complicado adentrarse en la novela gracias al estilo de Carla Gràcia Mercadé. Si bien es cierto que existe en ocasiones una estructura discursiva que en un primer momento podría frenar la lectura, es fácil habituarse a su aparición sin que interfiera en lo realmente importante. Incluso los numerosos saltos temporales quedan bien delimitados para que el lector ubique cada momento del desarrollo narrativo; una división que se indica de manera sutil gracias a la introducción de las campanas, unas veces en silencio, la mayoría de ellas tocando a somatén. La imagen de la torre del reloj, desde donde llega el sonido, trae siempre al lector hasta el presente de la protagonista, para desaparecer en otras estampas dedicadas al recuerdo. Ambos planos quedan unidos en cada uno de los días en que se divide el libro, en un intento de dar a la ficción una estructura interna que entronque directamente con el proceso vivido en las primeras jornadas de abril de 1870. Es de agradecer al comienzo de cada parte la inclusión de documentos de la época —bandos, avisos y extractos de cabeceras periodísticas como El Telégrafo, la Crónica de Cataluña o el Diario de Barcelona— que permitan formar una idea más concisa de la trascendencia del conflicto. 

Siete días de Gracia, de Carla Gràcia Mercadé, recrea los sucesos acontecidos en la villa barcelonesa tras la rebelión de la clase popular contra las medidas adoptadas por la Regencia del Reino a finales de marzo de 1870. El decreto, que afectaba directamente a los más desfavorecidos, encendió los ánimos de un pueblo cansado ante la indiferencia del poder. El ardor de aquellos días se deja sentir en cada página de la novela, aunque en ella se dé un papel indiscutible a la parte ficticia a través de los ojos de Mariana. Una historia de intrigas y secretos familiares que se presenta como la primera capa de un complejo entramado donde la voz antes reprimida gritará de una vez por todas contra el yugo opresor. Siete días…, «aquellos siete días». Resuenan las campanas. Desaparece el miedo. Las armas están dispuestas. ¡Dong!

Mi agradecimiento para Carla Gràcia Mercadé por su entrañable dedicatoria, 
así como para Grijalbo por el ejemplar facilitado.

28 comentarios:

  1. Opino lo mismo que tú, que es muy difícil unir ficción e historia en una misma novela, pero cuando se consigue es digno de admirar.
    Me ha gustado el argumento, y por lo que veo en tu reseña, merece la pena su lectura. Me lo apuntaré.
    ¡Besotes!

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    1. Me alegra saber que te llevas el título anotado. Seguro que disfrutas con la trama y la recreación del contexto. ¡Besos!

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  2. Cuantas más reseñas veo todas positivas más ganas me entran de leerlo. Besos.

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    1. Espero que al final acabes cayendo en la tentación. ¡Un beso!

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  3. Ya lo tengo anotado desde hace tiempo. Tengo muchas ganas de leerlo.
    Un saludo.

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    1. Confío en que pronto nos cuentes sobre esta novela en tu blog. Un abrazo.

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  4. Lo tengo apuntado principalmente por que es una parte de nuestra historia muy desconocida para mi y me gusta que la protagonista sea una muere fuera de su época.
    Un saludo.

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    1. Para mí esta parcela histórica era totalmente desconocida, quizás también por eso he disfrutado tanto. ¡Saludos!

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  5. Ya era un libro que me llamaba mucho la atención así que ahora con más ganas me dejas.
    Besotes!!!

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    1. ¡Adelante, Margari, te encantará! Más besos para ti.

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  6. Con cada reseña más ganas tengo de leer esta historia,
    saludos

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    1. Como ya he dicho en otros comentarios más arriba, adelante, estoy convencido de que todos disfrutaréis con esta propuesta. ¡Un saludo!

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  7. Me ha gustado mucho tu reseña Jesús y esta novela también la disfruté mucho, además de acercarme a unos hechos sobre los que no conocía demasiado
    Besos

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras, Margari. Para mí ha sido un placer escribir sobre una novela que he disfrutado de principio a fin. ¡Besos!

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  8. Están saliendo muchas reseñas que invitan a leer este libro y todas son positivas, así que habrá que hacerle hueco. 1beso!

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    1. ¡Ese hueco lo merece, sin duda! Un beso.

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    1. ¡No me sorprende! Es una excelente propuesta. Saludos

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  10. de momento no me lo apunto, no estoy para guerras en estos momentos. Un beso,
    Ale.

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    1. Espero que sea en otra ocasión. Otro beso para ti, Ale.

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  11. Qué bien, con dedicatoria y todo.

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    1. ¡Fue una sorpresa! De hecho, me percaté cuando ya llevaba algunas páginas leídas. ¡Un gran detalle! :)

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  12. Me alegro de que también te gustara.
    Un beso

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    1. ¡Muchas gracias! Ha sido una grata experiencia. ¡Besos!

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  13. Lo bueno de las novelas históricas es lo agradable que hacen conocer la historia.
    Un abrazo

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    1. Pues sí. Hay veces que el deseo de exponer los acontecimientos históricos deslucen la trama principal, pero esto no sucede aquí, todo está perfectamente cuadrado. ¡Un abrazo!

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