20 de abril de 2014

"Napoleón en Chamartín", de Benito Pérez Galdós.

El gran friso narrativo de los Episodios Nacionales sirvió de vehículo a Benito Pérez Galdós (1843–1920) para recrear en él, novelescamente engarzada, la totalidad de la compleja vida de los españoles —guerras, política, vida cotidiana, reacciones populares— a lo largo del agitado siglo XIX. En Napoleón en Chamartín, de nuevo es Madrid escenario de las aventuras de Gabriel de Araceli. Su asendereada existencia y su amor por Inés lo llevan a la capital de España, a la que se aproximan los ejércitos franceses. Asiste —y con él los lectores, gracias a la viveza descriptiva del novelista— a la entrada del emperador en la Villa y Corte. Sin embargo, por encima del hecho histórico predomina en este episodio un escenario de tipos y aspectos de la realidad cotidiana madrileña —artesanos, frailes, hombres públicos—, de cuya pintura es Galdós el gran maestro.

Contraportada | Alianza | 1ª edición | 2001 | 240 pp.

Galdós nos dejó al final del cuarto episodio con las tropas del general Castaños en su vuelta hacia la capital, después de la victoria conseguida en Bailén frente a las filas francesas. Por esas mismas fechas, casi a finales de julio de 1808, José I salía de Madrid en dirección a Vitoria, poco después de haber sido nombrado rey de España. La derrota en tierras andaluzas provocó en gran parte la intervención directa de su hermano, que hacía su entrada en la frontera española escoltado por más de cien mil hombres de la conocida Gran Armée. Es en este punto donde el escritor canario retoma las aventuras de Gabriel Araceli, de regreso en la corte para seguir los pasos de su amada Inesilla. Si bien don Benito ofreció a los lectores en Bailén un amplio despliegue de escenas centradas en el conflicto bélico, Napoleón en Chamartín cede un mayor protagonismo a la ficción dentro de la coyuntura histórica, pero sin perder de vista los preparativos que se gestaban en las calles para plantar cara al francés.

El joven Gabriel, parte activa en la lucha librada contra las huestes de Dupont, retoma al comienzo del episodio el contacto con Santiago Fernández, el «Gran Capitán», con el que principia una estampa radiográfica del Madrid de finales de 1808. Gracias a los detalles que se desprenden de los distintos diálogos y de las intervenciones de otros personajes, junto con algunas escenas en plena vía madrileña, se evidencia no sólo el consabido patriotismo de las anteriores novelas, sino un creciente afrancesamiento ligado a la continua sospecha de traición y engaño. Son estas ideas y los comentarios surgidos a partir de ellas las que permiten ubicar las distintas piezas en el tablero: mientras el «Gran Capitán» quedaría como verdadero estandarte del sentimiento patrio, Luis de Santorcaz dará rienda suelta a las ideas foráneas. Entre ellos Galdós coloca otras figuras que ayudan a construir el contexto para la pugna dialéctica, caso de don Roque, el padre Salmón, Juan de Mañara o el «mayorazguito» don Diego de Rumblar.

Es este último quien funciona como enlace entre los distintos planos de la ficción: por un lado, permite acercar al lector a la actividad de los salones, auténticos mentideros y núcleos de intrigas, de donde se desprenden varias imágenes costumbristas vinculadas a la coyuntura política y social en los coloquios del día; por otro, su asidua presencia en estos lugares desvelan las verdaderas intenciones con Inesilla, creando una brecha insalvable entre los primeros pasos del personaje en Bailén y la perspectiva que se desglosa en estas páginas. No obstante, más allá de dichos apuntes sobre el hijo de la condesa, lo realmente importante es que Gabriel y su enamorada vuelven a ocupar un plano destacado dentro de la novela, algo que se había echado de menos en la entrega precedente. A pesar de que el joven Araceli intenta desistir en algunos momentos de su empresa, el destino —caprichoso la mayoría de las veces— querrá que el encuentro entre ambos esté cada vez más cerca, aunque entre ellos siga quedando la omnipresente Amaranta, cuyas creencias, aferradas a un fuerte clasismo, provocan gran parte de las desavenencias de Gabriel hasta el mismo desenlace, momento en el que don Benito vuelve a dejar a los lectores con la miel en los labios, a la espera de Zaragoza.

Mientras que la ficción literaria ocupa en este caso un alto porcentaje de las páginas de Napoleón en Chamartín, los sucesos históricos continúan dando pinceladas de la España que se forjaba durante la Guerra de la Independencia. Así, el escritor canario perfila el nerviosismo de los madrileños ante la inminente llegada del Corso a la capital, pero sin que esto suponga un impedimento para los preparativos de la contienda. En dicho entorno sobresale Tomás de Morla, nombrado Director General de Artillería por la Junta Central, y encargado de hacer frente a la amenaza enemiga en su entrada a la corte. Sus actuaciones crearían numerosas disputas, como así relata Galdós en algunos pasajes, hasta el punto de ser acusado de abrazar la causa francesa. Independientemente de la credibilidad que le diesen a tales denuncias, la realidad era incuestionable, esto es, la energía y el arrojo de un pueblo que oponía una férrea resistencia en la defensa de sus intereses, como así se ilustra en uno de los últimos parlamentos del «Gran Capitán»: «La ley ineludible de la patria me ha puesto en un lugar que debo defender aun a costa de la vida. ¿No morían los mártires por la religión? Pues la patria es una segunda religión y, antes que faltar a su ley, el hombre debe morir. ¡Morir por la patria, morir en el puesto que a uno le marca su deber, morir no por conquistar un pedazo de tierra ni por un cacho de pan ni por una baja ambición, sino por una cosa que no se ve ni se toca cual es una idea y un sentimiento puro!» (cap. XIX). No olvida Galdós incluir otros elementos que enriquecen el cuadro histórico más allá de la línea beligerante, como la mención de papeles impresos en aquellos primeros meses de guerra, o los decretos que afectaban a los señoríos, a las comunidades religiosas o a la permanencia de la Inquisición, entre otras medidas firmadas por Bonaparte.

Napoleón en Chamartín, quinta entrega de la primera serie de los Episodios Nacionales, recorre de nuevo las calles madrileñas tras la victoria conseguida en Bailén. Lejos quedan ya las revueltas populares del Dos de Mayo, aunque el espíritu de aquel día vuelva a estar presente en el fervor patriótico de los españoles. Aun así, la nación se resentía de pequeñas fisuras provocadas por el asentamiento de nuevos ideales que competían con la acérrima defensa del legítimo rey. La sombra de las intrigas y las conspiraciones era cada vez mayor, por lo que no era de extrañar que el temor y la desconfianza se asentara entre los que decidieron combatir cara a cara con la muerte. «Madrid […] continuaba inquieto, como presagiando grandes males […]. La noticia de que los franceses estaban a las puertas de la villa, lo hizo, sin embargo, olvidar todo, y corría la gente azorada y medrosa, creyendo ver asomar al volver de una esquina la figura característica del azote de Europa» (cap. XV). Si aquellos miedos triunfaron debe descubrirlo el lector curioso; quien ya lo haya hecho, está invitado a continuar nuestros pasos hacia la indómita Zaragoza.


Episodios Nacionales reseñados en el blog


20 comentarios:

  1. Los Episodios Nacionales son mi asignatura pendiente. Algún día los empezaré!
    Besos

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    1. Seguro que no te defraudarán. ¡Al menos eso espero! Un beso.

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  2. Me apetece leer algo del autor, pero creo que esta saga de episodios la dejaré para bastante más adelante. Yo y mi odio ante las series largas.

    Un abrazote.

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    1. Aunque estoy disfrutando mucho de la serie, no te recomendaría que comenzaras a descubrir a Galdós por estas novelas. Si quieres otras recomendaciones, aquí me tienes. :) ¡Más abrazos!

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  3. Leyéndote me vuelven a entrar ganas de leer todos los episodios,
    saludos

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    1. ¡Eso es buena señal! Si en cualquier momento te apetece unirte a la iniciativa, sólo tienes que avisarnos. ¡Saludos!

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  4. A mi lo que más me ha gustado han sido el Gran Capitán y las revueltas sin armas. Me encantan estas "guerrillas" con pasión.
    Un saludo.

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    1. El Gran Capitán es un personaje único, de esos que no se olvidan por muchas novelas galdosianas que pasen por nuestras manos. ¡Saludos!

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  5. Me está pasando como a Porlomenix. Que con vuestras reseñas me están entrando ganas de empezar de nuevo los Episodios...
    Besotes!!!

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    1. Pues entonces te digo lo mismo que a él, si más adelante te apetece una relectura y compaginarla con nuestra iniciativa, ¡sólo tienes que decirlo! Un beso.

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  6. Muy bueno el contexto histórico, Jesús, sin él no se puede precisar bien el valor increíble testimonial de estas novelas de Benito Pérez Galdós. ¡Y qué grande-grande el Gran Capitán! ¿verdad? Mira que emociona este personaje en este episodio. A mí me pareció un pequeño homenaje a la figura del Quijote, por sus ideales y su entrañable locura. Gracias por participar, nos vemos en el próximo!! Bss

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    1. Como le decía a Mariuca más arriba, el personaje del Gran Capitán es único, de los que quedan en la mente por muchas novelas que leamos. Ya sabes que hay mucho del Quijote en Galdos, y la resistencia de nuestro capitán es una pequeña muestra de ello. ¡Encantado de seguir formando parte de esta aventura! Un beso.

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  7. Me está gustando mucho seguir esta lectura, y me he arrepentido varias veces de no apuntarme. Un beso!

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    1. ¡En cualquier momento puedes unirte a la aventura! Un beso.

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  8. A mí también me encanta que Galdós introduzca personajes que, si bien representan una idea, una actitud ante la guerra, también son personajes tridimensionales, que están vivos y enganchan al lector.

    ¿Te puedes creer que me he vuelto a emocionar al leer las palabras de El Gran Capitán, qué maravilla de personaje, y qué final más tierno, cuando se le compara con Napoleón.?

    Me alegra que sigas siendo fiel a este viaje, y que nos volvamos a ver en Zaragoza.

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    1. Cualquier intervención del Gran Capitán es emocionante, por eso las últimas imágenes que se ofrecen de él en este episodio quedarán siempre en el recuerdo. Mientras pueda, seguiré siendo fiel a nuestra aventura, así que nos veremos con total seguridad en Zaragoza. ¡Un abrazo!

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    1. ¡Muy grande, Alonso, muy grande! Un abrazo.

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  10. Ha hecho un análisis muy detallado de la trama Jesús. Estupendo. Como estupendo ha sido este nuevo episodio. Madrid y sus calles más vivas que nunca. Tengo curiosidad por el Padre Salmón con el que al parecer volveremos a encontrarnos, según un comentario anticipatorio de Gabriel... Zaragoza nos espera!!
    Un abrazo, Jesús!

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    1. ¡En Zaragoza vamos a vivir grandes aventuras, estoy seguro! Creo que Galdós aprovechará gran parte del próximo episodio para recrear de nuevo el conflicto bélico, pero bueno, mientras nos siga regalando escenas memorables, cualquier trasfondo histórica será bienvenido. ¡Otro abrazo para ti!

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