6 de diciembre de 2013

Premios Libros y Literatura 2013.

Hace unos días se abrió el plazo para participar en los Premios Libros y Literatura 2013, una iniciativa creada para promover los blogs literarios y encontrar las mejores reseñas. Esta convocatoria —abierta hasta el 9 de diciembre— vuelve a contar con premios cuantiosos, tanto para los administradores que formen parte del evento como para aquellos que voten por algún participante. La selección se hará a través de dos modalidades: por un lado, un jurado de expertos; y por otro, los propios lectores de Libros y Literatura. El periodo de votación permanecerá abierto desde el 10 de diciembre de 2013 hasta el 1 de enero de 2014. Tan sólo tres días más tarde se dará a conocer el fallo del concurso. Puedes encontrar todos los detalles haciendo clic en el siguiente banner:


La Caverna Literaria participa en esta propuesta con la reseña de Madrid 1605, de Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza.

Mucha suerte para todos los participantes.


Madrid 1605, de Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza
[Enlace a la entrada original]

Nadie podría poner en duda a estas alturas que las andanzas del ingenioso hidalgo manchego son el máximo exponente de la literatura española, tanto en lo que respecta a la influencia que ejerció en el mundo de las letras hispánicas, como en su relevancia de cara a la narrativa extranjera. Desde su publicación a comienzos del siglo XVII —sólo diez años de diferencia entre la primera y la segunda parte—, el interés por las aventuras del loco Alonso Quijano ha aumentado incesantemente, tanto en los lectores de a pie —cada vez son más los que se atreven con el caballero andante—, como entre los estudiosos y críticos de la literatura áurea. Sin embargo, no es la novela en sí misma la base sobre la que Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza han querido construir su relato, sino que esta se fija en su origen, es decir, el manuscrito salido del puño y letra de Miguel de Cervantes. A partir de esta idea, Madrid 1605 ofrece al lector una apasionante intriga en busca del documento autógrafo del escritor alcalaíno, donde las ansias por conseguir el preciado trofeo pondrán en peligro la vida de sus protagonistas. Es hora de dar respuesta al principal interrogante de la ficción: ¿se mantiene a salvo, entre legajos y carpetas, el texto ológrafo del Quijote?

La novela comienza en los alrededores de la Puerta del Sol, donde Erasmo López de Mendoza, profesor jubilado y acérrimo bibliófilo, espera paciente las coordenadas precisas para su próxima caza en la librería de viejo regentada por Juan Maestre. Allí, entre estantes polvorientos y ediciones que apenas captan la atención del personaje, aparece el escrito que aporta las pesquisas para el inicio de la trama: un manuscrito firmado por un tal Gonzalo de Córdoba, fechado en 1643, en el que se da cuenta del proceso de creación del periplo quijotesco, desde sus primeras páginas cercanas a las Novelas ejemplares, hasta su pérdida en una posada. Para desentrañar las claves de esta crónica Erasmo precisa de Pilar Esparza, una ex alumna de Filología que, a pesar de sus dotes para la investigación, ha dedicado sus últimos años a la enseñanza secundaria. Juntos emprenden este episodio que promete aportar a los estudios hispánicos el mayor hallazgo para la literatura española; pero el camino no es fácil, pues otras manos llegarán a su entorno deseosas de apropiarse del descubrimiento.

No obstante, Erasmo y Pilar no aparecen como únicos protagonistas de Madrid 1605, ya que las indagaciones de ambos llevan continuamente al lector a los primeros años del siglo XVII, con el propósito de narrar las andanzas de Gonzalo de Córdoba y Miguel de Cervantes. Ambos se conocen en la librería de Francisco de Robles, cuando este último inicia las primeras conversaciones con el escritor alcalaíno sobre su nuevo proyecto, una crítica a las famosas novelas de caballerías. Lo que empieza como un relato breve que se acerca a otras producciones de don Miguel, acaba convirtiéndose en un plan ambicioso que augura un rotundo éxito en el mundo editorial. Pero no todo son facilidades para Cervantes y el joven Gonzalo, pues habrá quien quiera poner constantes trabas para la publicación de las hazañas del caballero andante. En este contexto, que vivía los albores de un incipiente barroco, otros personajes están llamados a formar parte del juego, dando verosimilitud a la narración. Entre todos ellos sobresale Lope de Vega, famoso dramaturgo que entra en escena en la librería de Robles, acompañado de un séquito de aduladores, justo en el momento en el que el alcalaíno principia su esbozo quijotesco. El enfrentamiento entre los protagonistas queda patente en numerosos pasajes, aunque se evidencia aún más en el entorno de las representaciones teatrales, donde Lope había logrado un éxito rotundo frente al mínimo encanto suscitado por las comedias cervantinas.

La alternancia de ambas épocas, lejos de desconcertar y aburrir al lector, consigue suscitar un creciente interés por cada uno de los hilos argumentales. Los cambios entre un siglo y otro no se producen a través de delimitaciones tajantes, sino que dentro de un mismo episodio se pueden enlazar escenas pertenecientes a uno y otro contexto. Aunque no hay lugar para la confusión, existe un matiz que acentúa la frontera entre las dos centurias, marcado por la voz narrativa empleada: mientras que las vicisitudes de Pilar y Erasmo son contadas por un narrador omnisciente en tercera persona, las desventuras de Cervantes llegan en primera persona, relatadas por el joven Gonzalo, hecho que refuerza además el formato de la crónica, cercana a la autobiografía. Por tanto, los saltos temporales empleados en la novela ayudan desde el inicio a ampliar las miras sobre los acontecimientos, por lo que se convierte en un acierto para comprender con detalle el avance en cada uno de los enredos.

No hay crítica posible en Madrid 1605. El estilo narrativo es impecable, especialmente en la parte dedicada al proceso creativo del escritor madrileño, donde Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza han sabido reproducir el tono y el vocabulario propios del siglo XVII, pero sin que esto suponga un obstáculo para la lectura; al contrario, el cambio de registro permite adentrarse aún más en las calles madrileñas en compañía de Cervantes y Gonzalo, alejando a ambos personajes de sus investigadores en pleno siglo XXI. No obstante, todo esto podría haber sido insuficiente sin una base documental que justifique muchas de las aseveraciones contenidas en estas páginas. Nada se deja al azar, por lo que la ficción engarza perfectamente con la parte histórica, tanto en lo concerniente al periodo en que se desarrolla la odisea cervantina como en el fondo bibliográfico y archivístico sobre el que se sustenta la parcela literaria. En definitiva, el relato regala al lector una inolvidable radiografía del Madrid de comienzos del XVII, de sus calles y sus costumbres, de los teatros y las vestimentas, y de los nobles y rufianes que allí convivían.

Madrid 1605, de Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza, es probablemente una de las novelas más adictivas publicadas en los últimos meses, gracias a una interesante propuesta que prescinde de intrigas y secretos a partir de manuscritos o códices foráneos, para centrar su investigación en el máximo exponente de la literatura española, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Con unos personajes bien construidos, una magnífica documentación, y la alternancia de los distintos planos temporales, Madrid 1605 hará las delicias de aquellos lectores apasionados por la novela histórica, la literatura y las indagaciones detectivescas. Es el momento de ponerse la armadura, buscar un fiel escudero y hacer frente sin temor a este gigante. Al fin y al cabo, como ya señaló el alcalaíno en una de sus Novelas ejemplares, «aun entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno»; y esta novela, sin ser hombre, es de las mejores.