18 de julio de 2013

"El mar de los hombres libres", de Andrés Vidal.

Mi nombre es Christophe Marchand, fui soldado a las órdenes de Napoleón y corsario. En el océano Índico he participado en mil y una aventuras a bordo de La Confiance: sé de los lugares más exóticos, las afrentas más salvajes y las más temibles tormentas. Y todo por amor, por un amor que no he conseguido olvidar. Regreso ahora a Loupian, como si el destino me regalara una segunda oportunidad. Sólo sé que me debo a mi gente y que no voy a resignarme ante la injusticia. Muchos dicen que la Revolución no ha acabado…

Contraportada | Planeta | 1ª edición | 2013 | 600 pp.

Hace menos de un año tuve la oportunidad de hablaros por primera vez de Andrés Vidal en este espacio, por medio de la reseña de su segunda novela, El sueño de la ciudad, cuyo argumento proponía un viaje alrededor del proyecto más ambicioso de Antonio Gaudí, la Sagrada Familia, en los primeros años del siglo XX. Las buenas impresiones que se desprendieron de esta lectura me hicieron llegar con altas expectativas a la nueva propuesta del autor: El mar de los hombres libres, ambientada entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, a medio camino entre una pequeña población francesa y todo un despliegue de parajes exóticos. Como ya he comentado en otras entradas, este intervalo temporal capta siempre mi atención, aumentando así mi interés por esta novela y, consecuentemente, la probabilidad de salir de ella un tanto decepcionado. Pero no fue así, y es que El mar de los hombres libres ha conseguido mejorar la grata experiencia que ya había vivido con El sueño de la ciudad, hasta el punto de poder incluirla desde este mismo instante entre mis mejores lecturas de 2013. Una novela en la que se aúnan secretos familiares, intrigas, enfrentamientos, amistad y pasión; todo ello, bajo la atenta mirada de una Francia revolucionaria que influirá irremediablemente en el devenir de los personajes.

Siempre me resulta difícil hablar de aquellas novelas que han conseguido cautivarme de principio a fin, porque albergan en sus páginas numerosos atractivos que son capaces de seducir al lector de un modo u otro; debido a ello, se crea en mí una necesidad de transmitir a través de mis palabras todas las sensaciones experimentadas durante la lectura, con el fin de fomentar el interés necesario para que otros se aventuren en este periplo literario. Y es aquí donde surge mi bloqueo, ese miedo —injustificado— de querer hablar de muchas cosas y que gran parte acaben quedándose en el olvido. Y es lo que me ocurre con El mar de los hombres libres, una novela impecable que unifica con éxito la ficción con el trasfondo histórico, unas veces estableciendo cierta distancia entre ellos —cuando el contexto responde a una escenografía secundaria sobre la que desarrollar la trama—, otras para compenetrarse sin posibilidad de ruptura.

Y es que la perspectiva histórica en esta novela se torna indispensable para muchas escenas del planteamiento narrativo, como demuestra el hecho de que la novela, a excepción de las páginas que funcionan como prólogo, sitúa su punto de partida en abril de 1789, tres meses antes de la toma de la Bastilla, un triunfo que crearía una brecha insalvable entre el Antiguo Régimen y el nuevo porvenir de los ciudadanos franceses. No es el único evento clave que conforma el entorno de El mar de los hombres libres, pues otras contiendas están llamadas a completar el cuadro: la decadencia monárquica, la expansión napoleónica, las batallas navales o el destierro del Corso a la isla de Santa Elena son sólo algunas muestras. Como parte de estos vaivenes históricos se introducen magistralmente todos y cada uno de los personajes que componen la ficción narrativa, formando una maquinaria perfecta en la que ningún elemento queda sobrevalorado en detrimento del otro. Entre una y otra frontera quedan enmarcados los protagonistas del relato, verdaderos artífices de la novela que dan sentido al conjunto más allá de luchas, hostilidades y pugnas por el poder.

Christophe se coloca al frente del relato como vínculo esencial para el avance de los episodios históricos, desde que el lector le conoce poco antes de comenzar la Revolución francesa, con 11 años, hasta el año 1817, donde se pone fin a la novela. Casi tres décadas que permiten apreciar la evolución y el progreso de los habitantes de Loupian. Christophe aparece como uno de los representantes de los Marchand, familia humilde que busca su supervivencia entre los hornos de una panadería. Es en el negocio familiar donde comienza el crecimiento del protagonista, donde tiene oportunidad de forjar toda una serie de valores y virtudes que marcarán su manera de actuar, aunque en no pocas ocasiones también será el origen de muchos conflictos internos. Los giros inesperados de la novela permiten apreciar con detalle los matices y los cambios que se producen en él, desde un niño inocente que apenas comienza a confundir la amistad con el amor, hasta un adulto desengañado de la vida, pero arrepentido de no haber luchado por sus ilusiones. Sin embargo, si algo demuestra en sus pensamientos es la mínima esperanza que todo ser humano debe conservar ante las desavenencias del destino, y que en su soledad sabrá identificar adecuadamente.

Pero no aprende Christophe todas estas enseñanzas por sus propios medios, sino que gran parte de ellas vienen dadas por sus relaciones familiares, focalizadas fundamentalmente en su abuela Édith y en su hermano pequeño Vincent. En la primera encuentra la serenidad y el buen hacer, las risas y los juegos de niños; en el segundo, una compañía inquebrantable basada en la protección y en la lealtad. No son los únicos representantes de los Marchand, pues otras voces piden su sitio dentro de este núcleo: Cédric, hermano mayor sin importantes incursiones en los inicios de la novela, pero con un papel fundamental en la vida de Christophe ya en su etapa adulta; Alice y Georgette, hermanas dedicadas a la costura, aunque con sinos bien diferenciados; por último, Lilianne y Françoise, padres que luchan con constancia ante los reveses del destino, lleno de desengaños, infortunios y sombras del pasado. Pero para el lector el día a día de los Marchand no sería tan interesante sin la presencia de los Basset, familia acaudalada y bien relacionada en los círculos nobles. Aunque Hippolyte se presenta como el gestor de los ingresos de la Fermé Generales en la zona del Hérault —departamento situado al sur de Francia— y, por tanto, como artífice de la influencia sobre las clases altas, es su hijo Alexandre quien procura continuamente complicar la existencia de Christophe. Sus primeros encuentros en plena adolescencia fijan poco a poco un camino de enemistad con una barrera infranqueable, y de la que se desprenden los derroteros de una parte sustancial de la trama.

Si en El sueño de la ciudad Andrés Vidal optó por dividir la novela en siete partes, respondiendo cada una de ellas a virtudes y pecados capitales, El mar de los hombres libres queda estructurado en tres bloques que responden al lema revolucionario francés: libertad, igualdad y fraternidad. Pero lejos de señalar sólo a unas coordenadas históricas, esta tríada es aplicada también al devenir de los personajes, con un significado único más allá de las consabidas referencias. La importancia de los eventos ficticios se encuentra cuando el emblema queda atrás para conceder una merecida relevancia en los encabezamientos de los capítulos a algunas figuras destacadas de la narración. Curiosa es la manera en que el autor liga cada una de estas imágenes con una especia, hecho un tanto llamativo al inicio, pero que acaba cobrando un sentido especial a partir de la segunda mitad de la novela; así, los distintos sucesos son introducidos por «Édith o la dicha del anís», «Dominique o la quemazón de la cayena», o «Alexandre o la acritud de la mostaza», entre otros. Esta originalidad se complementa con un estilo ágil, directo, donde las descripciones y el rigor histórico tienen indudablemente su hueco, pero sin ensombrecer el verdadero propósito de la novela, esto es, el desarrollo de Christophe Marchand como persona —y personaje— en relación tanto con su entorno como con sus inquietudes y proyectos.

El mar de los hombres libres, de Andrés Vidal —seudónimo de Màrius Mollà— confirma la excelente trayectoria del escritor desde el lanzamiento de su primera novela, La herencia de la tierra. En esta ocasión deja atrás el escenario español para adentrarse en una Francia convulsa, marcada por importantes revueltas que darían un nuevo enfoque al panorama político e histórico no sólo de la nación, sino también del resto de Europa. Las desavenencias familiares, la ambición por el poder y la búsqueda constante de la felicidad fijan las bases de una narración perfectamente construida. Andrés Vidal maneja sin dificultades casi tres décadas de conflictos y disputas para proporcionar al lector una de las experiencias más intensas y apasionadas de la narrativa contemporánea española. Es el momento de tomar las armas, mirar al frente y dejarse llevar por los hados. La revolución sólo acaba de empezar.

Muchas gracias a la editorial Planeta por el ejemplar facilitado

Nota. La panadería de los Marchand tiene un protagonismo indudable desde el comienzo de El mar de los hombres libres hasta su mismo desenlace. Probablemente, más allá de los personajes y del contexto en el que estos se sitúan, el obrador es el componente con más peso en los vínculos emocionales de la trama. Andrés Vidal, gracias a la colaboración de las propietarias de la pastelería Lolita Bakery, en Barcelona, regala a sus lectores una de las recetas indispensables para la novela. Como buen aficionado a la cocina no he podido resistirme, así que me perdí entre los fogones para preparar las galletas de Édith. Aquí tenéis el resultado. Ahora es más fácil imaginar el éxito de los Marchand y de su panadería entre los vecinos de Loupian.


44 comentarios:

  1. Una novela espléndida, como todas las del autor. A mí me encantó y me hizo vivir numerosas aventuras y sentir grandes sentimientos. Un escritor que cada vez se supera, por difícil que parezca. ¡Qué ganas de seguir leyéndole!

    Un abrazo.

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    1. ¡Totalmente de acuerdo con tu comentario, Xavier! En mi caso, todavía podré seguir disfrutando de su narrativa con "La herencia de la tierra", que tengo pendiente de lectura. ¡Un abrazo!

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  2. Ya me parecía que este libro tenía una pinta estupenda
    Y esas galletas tienen que estar deliciosas!
    Besos

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Laky! Ambas cosas, galleta y novela, son una delicia. ¡Espero que te animes con ambas tareas! Un beso.

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  3. Ya le tengo ganas a este autor. Me quedé con ganas (espero subsanarlo algún día) de leer sus anteriores novelas, pero esta no se me escapa que ya la tengo en casa. Un beso.

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    1. ¡Pues adelante, Concha! Seguro que en cuanto la acabes te animas a buscar las dos anteriores. Ya nos irás contando. ¡Un beso!

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  4. Hola!

    A mi también me pasa que cuando un libro me gusta muchísimo me "bloqueo" porque no tengo suficientes palabras para transmitir cuanto me ha gustado.
    Además, este libro lo tengo apuntado desde su publicación, a ver si lo puedo conseguir pronto.

    Besos!

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    1. Es un bloqueo extraño, porque sabes todo lo que quieres decir, pero luego cuesta plasmarlo. No pasa cuando una novela nos decepciona, porque sabemos claramente dónde ha estado el problema, y es lo que hacemos llegar a otros lectores. Espero que pronto puedas disfrutar de esta novela. ¡Besos!

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  5. Qué buena pinta tienen las galletas, XD!!
    No conocía al autor, pero por lo que cuentas parece buena idea tenerlo en cuenta.
    Besos

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    1. ¡Las galletas estaban exquisitas! ¡Bendita receta! Me alegra saber que has conocido a este autor gracias a mi reseña. ¡Espero que al final te animes a descubrir sus novelas! Un beso.

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  6. Qué buena pinta! Se nota que lo has disfrutado muchisimo. Yo aun no conzco nada del autor, pero cuando me decida lo haré con este título.

    Besos!

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    1. Sí, he disfrutado de esta novela mucho más de lo que esperaba, y eso que empecé a leerla con altas expectativas. ¡Ojalá me cuentes pronto que te decidiste a leerla! Un beso.

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  7. Me parece una novela muy interesante, me gusta mucho el argumento.
    Un saludo.

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    1. Anímate, Enzo, no te defraudará el desarrollo de los acontecimientos en la vida de Christophe. Un abrazo.

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  8. Ay, a mí a veces también me pasa eso cuando disfruto mucho de una lectura, que luego no soy capaz de plasmarlo en condiciones... Pero oye, a ti te ha quedado genial la reseña, como siempre. :-)

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    1. ¡Gracias por tus palabras! Ni te imaginas la de veces que he reelaborado la reseña, incluso borrando párrafos completos. Pero al final me gusta el resultado. :) ¡Un beso!

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  9. No he leído nada del autor, y estoy de acuerdo contigo en que cuando una novela gusta mucho nos quedamos un poco bloqueados a la hora de comentarla. Siempre me da la sensación de que no voy a saber transmitir lo buena que me ha parecido.
    Solo por eso ya vale la pena apuntarse esta novela.
    Un saludo.

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    1. Ese es el problema, lo que podríamos llamar "bloque positivo". Pero, por suerte, siempre conseguimos transmitir a los demás nuestra pasión por uno u otro título. ¡Un abrazo!

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  10. Me alegra que te gustara tanto, la tengo en la lista de pendientes porque creo que también la disfrutaré.

    Gracias por la reseña.

    Saludos.

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    1. ¡Gracias a ti por tu comentario! Espero que no tardes en leerla y que nos hagas llegar tus impresiones. ¡Un abrazo!

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  11. Le tenía el ojo echado, veo que hice bien.
    Y vaya galletas! Que pinta!
    Besos

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    1. El libro triunfó para mí, y las galletas para el resto de la casa. ¡Has hecho bien poniendo el ojo en esta novela! La disfrutarás, seguro. ¡Un beso!

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  12. Aún no he leído nada de este autor, aunque tengo apuntada su anterior novela. Esta también me seduce mucho, la ficción histórica aderezada de unos personajes sólidos es una de mis primeras opciones siempre y si además acabo haciendo galletas con una pinta tan buena como las tuyas, no hay quien se resista.

    Besos

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    1. Definitivamente, con todo lo que dices en tu comentario, ¡esta es tu novela! Te gustará. Y nada como poner el broche final con unas deliciosas galletas cortesía de la abuela de Christophe. ¡Un beso!

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  13. Aún tengo que estrenarme con este autor. Y tenía bien fichado el anterior libro, pero entre tu reseña y esas galletitas que tienen pinta de ser devoradas en un periquete... Me parece que esta novela puede caer antes.
    Besotes!!!

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    1. Si finalmente te animas, prueba a hacer las galletas antes de la lectura. Así, cuando se hable de ellas en la trama, podrás saborearla sintiendo cómo los personajes se afanan en su preparación. ¡Tiene que ser una grata experiencia! Un beso.

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  14. ¡Jesús! Lo primero que quiero hacer es darte la enhorabuena por la pedazo de reseña que te has marcado :) Es estupenda y me han dado unas ganas tremendas de coger el libro. Lo segundo, ¡qué pinta que tienen las galletas!... ¿me invitas?
    ¡Muchos besos brochetiles!

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    1. ¡Muchas gracias por todas y cada una de tus palabras brochetiles! Me alegra saber que he conseguido llevar hasta ti la tentación tanto de la novela como de las galletas. Te lo aseguro, merecen la pena. ¡Más besos!

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  15. Qué pasada de reseña! Caigo totalmente rendida a tus pies. Y el detalle de dar la receta de las galletas me ha conquistado! Lo buscaré en mi biblioteca, 1beso!

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    1. ¡Mil gracias por tu comentario, Tizire! Encantado de que hayas disfrutado con la reseña, hasta el punto de buscar pronto el libro. ¡Espero tus impresiones! Un beso.

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  16. Leí El sueño de al ciudad, que me gustó bastante y tengo pendiente volver a reencontrarme con este autor.
    El libro tiene una pinta estupenda y las galletas también!

    Un beso!!

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    1. ¡Gracias, Carla! Como he comentado, "El sueño de la ciudad" me gustó mucho, pero he disfrutado aún más con "El mar de los hombres libres". Por tanto, sigue mis pasos y adéntrate en esta aventura, valdrá la pena. ¡Un beso!

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  17. Pues eso, que ya está en mi lista de pendientes. No conocía al autor pero por lo que dices ya no se me olvidará. Muy buena reseña. Un bs

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    1. ¡Gracias por tus palabras! Genial que ya lo tengas en tu lista de pendientes. Espero que no tarde en llegarle el turno. ¡Un beso!

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  18. Yo lo tengo en casa y con muchas ganas de cogerlo.
    Me alegra ver una opinión tan entusiasta
    Besos

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    1. ¡Convencido estoy de que la tuya seguirá el mismo camino! Espero con ganas ver la reseña de esta novela en tu blog. ¡Besos!

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  19. Pues yo no lo conocía y me has dejado con ganas.
    Un beso!

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    1. Pues ahora que has tenido esta primera toma de contacto, ¡adelante! Aquí estaré para cuando quieras contarme tus impresiones. ¡Un beso!

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  20. El libro que comentas tiene que estar bien, pero el que me llevo apuntado es "El sueño de la ciudad", pues me atrae más el tema.
    Un abrazo

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    1. Ambas novelas son fantásticas, así que la lectura de "El sueño de la ciudad" también es una magnífica opción. Otro abrazo.

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  21. has logrado interesarme en las dos novelas de este autor, tengo muchas ganas de leer esta segunda y esas galletas se ven más que bien ;)
    un beso,
    Ale.

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    1. ¡Muchas gracias, Ale! Ambas historias merecen la pena. Aún tengo pendiente "La herencia de la tierra". ¡Debo buscar ya un hueco para esta lectura! Un beso.

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  22. No he leído nada de este autor pero tengo algunas novelas en el punto de mira, jaja. Oh, que buena pinta tienen las galletas!
    Besotes

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    1. ¡Estaban riquísimas, Marga! Tendré que repetirlas en algún momento. En cuanto a las novelas, ¡no dudes! ¡Adelante! Un beso.

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