2 de diciembre de 2012

Premios Libros y Literatura 2012.

Hace un par de días conocí, a través del blog Bitácora de (mis) lecturas, la iniciativa creada en el espacio Libros y Literatura para promover los blogs literarios y encontrar las mejores reseñas. No tuve que pensarlo mucho tiempo antes de animarme a participar. Los premios serán numerosos, tanto para los administradores que formen parte del evento como para aquellos que den su voto una vez abierto el plazo. Si te interesa participar, tienes hasta el 9 de diciembre. La selección se hará a través de dos modalidades: por un lado, un jurado de expertos; y por otro, los propios lectores de Libros y Literatura. El periodo de votación permanecerá abierto desde el 10 de diciembre hasta el 1 de enero. Tan sólo tres días más tardes se dará a conocer el fallo del concurso. Puedes encontrar todos los detalles haciendo clic en el siguiente banner:


La Caverna Literaria participa en esta propuesta con la reseña de El haiku de las palabras perdidas, de Andrés Pascual.

Mucha suerte para todos los participantes.
Mi agradecimiento para Libros y Literatura.es por la organización del evento.


El haiku de las palabras perdidas, de Andrés Pascual
[Enlace a la entrada original]

Guardo con mucho celo los libros que formaron parte de mi infancia. Entre ellos conservo una pequeña recopilación de relatos publicados bajo el sello «El duende verde», con el título No somos irrompibles, escrita por Elsa Bornemann. No he podido evitar que la memoria me llevase de nuevo hasta uno de aquellos cuentos. «Mil grullas» narraba la historia de dos niños, Naomi y Toshiro, quienes veían cómo todo lo conocido cambiaba por la devastación de la bomba atómica en Hiroshima. Curiosamente, es el único relato que recuerdo de aquellas páginas, quizás porque con sólo doce años no podía comprender la dimensión de dicho acontecimiento. Con las primeras líneas de El haiku de las palabras perdidas se produjo una conexión indescriptible entre mi presente y aquel pequeño lector que daba cada vez pasos más grandes en su admiración por las letras. Ahora, gracias a Andrés Pascual, vuelvo atrás la mirada para completar un proceso que comenzó hace dieciocho años, en un intento de comprender a través de la literatura el fuerte desarraigo que puede llegar a sentir el ser humano cuando desaparecen unos vínculos afectivos sobre los que se ha cimentado toda una vida.

El haiku de las palabras perdidas alterna dos historias vinculadas en un primer momento por el protagonismo que adquiere la utilización de la energía nuclear. La primera de ellas traslada al lector al 5 de agosto de 1945, víspera del primer bombardeo atómico sobre Hiroshima, y cuatro días antes del lanzamiento sobre Nagasaki, después de que otros objetivos fuesen descartados por cuestiones meteorológicas. En esas jornadas previas al desastre conocemos a Kazuo y Junko, dos adolescentes en los que la amistad y el amor se encuentran separados por la llegada de cuatro haikus. La lectura del último de ellos, con el que pretenden avanzar en su inocente relación, se trunca por la inminente hecatombe llegada desde el cielo, que supondrá una búsqueda desesperada de los personajes para reanudar aquellos versos inacabados. La segunda línea argumental comienza en Tokio el 24 de febrero de 2011. En estas coordenadas se sitúa Emilian Zäch, arquitecto defensor de las útiles propiedades de la energía nuclear y encargado del Carbon Neutral Japan Project, una isla urbanizada para parque empresarial y zonas residenciales cuyo abastecimiento energético procedería de un reactor submarino libre de emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, lo que parecía un proyecto a punto de ponerse en práctica queda suspenso por un giro inesperado que implica no sólo la ruptura de algunos vínculos personales, sino toda una serie de despropósitos que hará temblar el día a día de Emilian tal y como lo había conocido. No obstante, estas desavenencias acaban llevándole hasta Mei, galerista de arte cuya vida esconde trazos inacabados de un esbozo que lucha por recobrar los colores que tiempo atrás fueron destruidos.

Ambas historias se conocen simultáneamente por medio de saltos temporales en cada uno de los capítulos hasta encontrar el nexo de unión. La continua presencia del haiku dota al relato de una mayor unidad, como un constante recordatorio de las palabras que nunca debieron separarse. A su vez, el trasfondo histórico y la ambientación de las escenas aportan un mayor realismo que ayuda a sentir como nuestras las vivencias de los protagonistas. Para ello, Andrés Pascual ha diseminado por la novela numerosas alusiones a las costumbres japonesas que demuestran su amplio conocimiento de esta cultura, algo que beneficia a la construcción de la trama, al no tratarse de meras referencias informativas —aunque es indudable la excelente radiografía de la época—, sino que estas se integran perfectamente en el desarrollo y evolución de los personajes. Cada detalle es contado con una cercanía que el lector agradece, un estilo despojado de ornamentos que hubiesen lentificado una historia que no precisa de grandes artificios, sino que cobra sentido por su sencillez y por los sentimientos depositados en ella.

Unas emociones vistas a través del prisma de la catástrofe humana, tanto desde el punto de vista de los que perdieron como de los que dejaron manchar sus manos para sentenciar la muerte de miles de voces que no tuvieron oportunidad de pronunciar sus últimas palabras en una vida que ya había dejado de pertenecerles. Las primeras noticias llegadas sobre la destrucción de Hiroshima —el sufrimiento en la distancia—, la pérdida como experiencia cercana tras la debacle en Nagasaki, los cambios en una ciudad donde la muerte se deja ver ante los ojos de los que —quizás, desgraciadamente— siguen vivos, los cientos de refugiados, las secuelas a lo largo de varias generaciones… Imágenes desoladoras que recrean una oscura etapa de la humanidad, con la que se invita a una constante reflexión sobre los errores del pasado, así como del perpetuo juego del hombre como ser omnímodo donde las consecuencias pasan a un nivel secundario, sin importar el precio que se deba pagar por estas.

El haiku de las palabras perdidas, de Andrés Pascual, sitúa al escritor lucroniense en un lugar privilegiado dentro de la actual narrativa. La novela se sumerge en las devastadoras secuelas de un largo conflicto que llegaba a su fin, y que había dejado en pocos años millones de muertos civiles y militares. En este contexto se inserta sutilmente una delicada ficción nacida de unos pocos versos que acabarían convertidos en el verdadero refugio de la esperanza. Y es que, a fin de cuentas, diecisiete sílabas dan para contar toda una vida.

28 comentarios:

  1. Yo también me voy a animar ¡Está genial el concurso! Mucha suerte =)

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  2. Me parece que has elegido una muy buena reseña. ¡Mucha suerte!

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  3. Muchísima suerte, me encantó esa reseña. Yo participé un año con la reseña de Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe, pero este año no sé si me animaré. Muchos besos.

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  4. Yo también me he animado a participar. Espero que tengas mucha suerte. El libro que has elegido para participar es un verdadero acierto.
    Un saludo.

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  5. Muy buena reseña que has elegido! Muchísima suerte!!

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  6. He visto la iniciativa en varios blog. Se ve muy interesante. ¡Mucha suerte!
    Un beso

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  7. Una elección tremenda, celebro no competir contigo :P
    Besos

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  8. Hola Jesús, mucha suerte en el concurso, yo también estoy participando ;)

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  9. Mucha suerte, yo también me he apuntado, un besote!!

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  10. ¡Gracias a todos por vuestro apoyo! Pronto comienzan las votaciones. ¡Suerte para todos los participantes!

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  11. Mucha suerte, Jesús!! Por ahí nos encontraremos...
    Besos,

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  12. Jesús muy buena la reseña. ¡Suerte!

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  13. Mucha muchaaaa suerte ;)

    Es una reseña genial.

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  14. Has elegido una gran reseña. Espero que tengas mucha suerte.

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  15. Gracias a todos por vuestros comentario. Al final no fue posible, pero no pasa nada, estoy contento con la reseña que he presentado. ¡Abrazos!

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