28 de julio de 2012

"Mapa mudo", de Hilario J. Rodríguez.

No hace mucho visité la casa donde Edgar Allan Poe vivió en Baltimore. Su escritorio estaba en el último piso, después de tres largos tramos de escaleras. Sólo había una ventana, diminuta, pero a su obra le venía bien la oscuridad. Allí escribió sus mejores cuentos. Yo no me habría sentido cómodo en aquel lugar. Estaba apartado del centro, entre edificios en mal estado, de los que a veces salían grupos de niños para observar la calle. El ayuntamiento —me contaron— iba a demoler todo aquello muy pronto porque planeaba construir una zona de recreo, con cines y grandes superficies comerciales. Me dio la sensación de que un libro estaba a punto de cerrarse. Fue eso lo que me empujó a escribir Mapa mudo, que es al mismo tiempo una geografía del hogar y una geografía de la literatura, también una historia de fantasmas.

Contraportada | Vagamundos | 1ª edición | Mayo 2009 | 64 pp.

Pocas veces me he parado a pensar cuántos personajes, con sus respectivas historias, pasan ante mí día tras día, no sólo en las lecturas que voy realizando, sino en las páginas que vosotros vais descubriendo y de las que poco a poco voy formando mi propia visión a través de vuestras impresiones. Pero lo que sí es cierto es que, al cerrar un libro, no suelo pararme a conocer más al autor que ha sido capaz de crear esa magia, más allá de las anécdotas que son harto conocidas por los lectores. Mapa mudo, de Hilario J. Rodríguez, llega para cubrir una pequeña parcela de esos detalles escondidos tras las letras de los escritores. Espacios, obsesiones, rituales y manías en este breve paseo por la literatura universal. Desde aquí, mi agradecimiento para la editorial Traspiés por el ejemplar facilitado.

Los primeros pasos en este relato llegan de la mano de Hemingway («Su vida fue su mayor victoria y su mayor derrota», p. 10), Tolstoi («Necesitaba sentir el rumor de las olas en sus oídos […]. Pero el mar estaba lejos, por eso usaba palabras duras, martillazos, armas para perpetrar asesinatos psicológicos en su teatro de cámara», p. 11) y Octavio Paz («[…] meses antes de morir, vio cómo ardía su biblioteca y las páginas de sus libros se reducían a cenizas. Una vida entera transformada en pavesas», p. 13). Ellos son los encargados de introducir la obra, de dar sus primeros retazos de vida con los que marcar el camino del resto de escritores que se asoman para configurar la geografía del hogar y de la literatura planteada por Hilario J. Rodríguez en pequeños capítulos temáticos.

El primero de ellos, que podría denominarse «La amplitud del espacio», se sitúa en un nivel diferente, pues si bien los demás pasajes recorrerán las estancias de cada hogar, aquí se aprecia tanto el valor del conjunto como los entornos externos a la casa. Así, el lector apreciará la mirada perdida en la lejanía de Isak Dinesen hasta la construcción de un porche en el que acabaría situando su lugar de trabajo; Robinson Jeffers, quien también prefería el soportal de su domicilio para fijar sus ideas; o Henry David Thoreau, aficionado a los paseos por el bosque, momentos en los que sus vecinos no se atrevían a molestarlo «porque entonces lo imaginaban pensando entre los árboles, que era su oficio» (p. 19).

A partir de aquí llegan las diferentes dependencias en este periplo literario. «La cocina y sus aromas» con Marilynne Robinson —interesada en comprar una tahona sobre la que poner en marcha sus relatos—, Bruno Schultz —inspirado por los olores del requesón, la carne y las especias—, Marcel Proust —despachando los asuntos del día entre fogones—, o Vladimir Nabokov —obsesionado con la búsqueda de una casa que le llevó hasta un inolvidable aroma a páprika—. La intensidad de estos primeros olores intelectuales conduce irremediablemente al lector hasta los «Sentimientos en los comedores», habitáculos en los que «muchas novelas describen a sus personajes mientras comen y charlan, sentados en torno a una mesa donde todo está metódicamente desplegado, siguiendo los principios musicales de la armonía y el ritmo» (p. 31). Ahí, entre cubiertos, manteles y miradas cómplices sitúa Choderlos de Laclos las pasiones de Las amistades peligrosas, obra imprescindible de la literatura francesa; la concordia ideal para este espacio se rompe también en Henry James, al concebir los comedores como un lugar favorable para las intrigas; también Lewis Carroll, matemático y escritor inglés, que gracias a su relato universal Alicia en el país de las maravillas ofreció al mundo una de las reuniones más disparatadas a la hora del té.

El cuarto pasaje cuenta únicamente con un protagonista y con una ubicación: «John Cheever y la lavandería». Esta parada ofrece, en mi opinión, uno de los fragmentos más originales del ensayo:
Todos los días [John Cheever] acompañaba a sus hijos al colegio y luego se iba a escribir a una lavandería, para que, en caso de que alguno regresase de forma imprevista, no lo encontrase en casa sin hacer otra cosa que escribir o beber. […] Descubrió, por ejemplo, que en el interior de las lavadoras giraba un universo fascinante, triste y alegre, melancólico y chispeante, ocurrente, sin fronteras. Matrimonios que se separaban por una marca de calzoncillos, por un sujetador, un pañuelo que de pronto aparecía salido de la nada, oliendo a perfume, a after shave, a traición, adulterio, juego de cama. (pp. 37-38)
«Despachos y rituales» recoge el nombre de algunos escritores que desarrollaron su actividad en esta dependencia, caso de Anne Sexton, que hablaba de ella como la habitación de su vida, a pesar de que «a veces incluso el hogar de las musas puede transformarse en un pequeño infierno»; otros no optaron por el despacho, como Raymond Carver, quien se centraba en su escritura en pequeños moteles; o el abuelo de Thomas Berhard, que encontraba la inspiración en el cuarto de baño. Los «Dormitorios y sueños» también se convierten en protagonistas para algunos autores: el encierro durante quince días de Camilo José Cela; los dictados de Edith Warthon a su secretaria desde el lecho; o los discípulos de Jacques Lacan, capaces de inmortalizar con la palabra descripciones magistrales de los momentos oníricos. Por último, no podían faltar en este recorrido literario las «Bibliotecas», lugar predilecto de escritores como Emily Dickinson o Jorge Luis Borges.

Mapa mudo cumple perfectamente su objetivo inicial de marcar una geografía literaria paralela a una geografía del hogar, entre las que se crean combinaciones ilimitadas, algunas casi imposibles de concebir al pensar en la gran intelectualidad de cada uno de los escritores que pasan por estas páginas. Un breve ensayo que acaba resultando excesivamente corto, pues cada anécdota narrada no hace sino alimentar las ganas de saber más sobre cada uno de esos fantasmas. Sin duda, una lectura ineludible para los entusiastas de las letras.


[Reseña nº 12 del desafío «25 obras escritas en español»]

25 comentarios:

  1. Este me lo apunto, las citas de autores son preciosas. Me parece que es un libro que van a disfrutar muchos lectores. A mí siempre me interesa saber qué hay en lq vida de quien escribió la historia. Un abrazo.

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  2. Apuntado queda. Parece ser un buen libro, así que espero leerlo muy pronto.
    Saludos

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  3. Me ha encantado tu resMeña y la obra es la mar de curiosa.Marcel Proust y Cloderlos de Laclos son dos de mis autores favoritos.

    Bisous

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  4. No conocía este libro, pero desde luego me llevo apuntada esta recomendación, que este repaso por la literatura universal parece que merece mucho la pena y tras tu excelente reseña es imposible dejarla pasar.
    Besotes!!!

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  5. Me encantó, una lectura muy curiosa, para una tarde de sofá y demás =)

    Besotes

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  6. Anda, pues tuvo que ser curioso ese viaje a Baltimore. No conocía este libro, pero me lo apunto por si acaso. :-)

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  7. No tenia ni idea de este título, y sin duda me lo apunto :-) Un besote!

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  8. La cita de arriba me encanto porque soy fan de POe ;)
    besooos!

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  9. No lo conocía pero apuntadísimo está.
    Besos

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  10. Por lo que cuentas, nos has traído un gran candidato, sí que me lo apunto, por aquí hay mucho amante de las letras. Besos

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  11. Yo no conocía el libro, pero los ensayos no son lo que me apetece precisamente en este momento. De todas formas, te comunico que hace tiempo leí una novela de este autor (El otro mundo), que me gustó mucho, en la que habla de su experiencia viviendo en Nueva York.
    Muy interesante.

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  12. Me parece que puede resultar un libro muy interesante y curioso y las citas que has puesto me han gustado.

    Un beso!!

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  13. Uy, este libro me lo apunto sin dudar. Creo que será muy de mi gusto.
    Besos,

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  14. No es que sea yo de ensayos, por éso no lo elegí entre los 5 que gané en el concurso que organizó la editorial. Ahora pienso que quizás me equivoqué...
    Besos

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  15. ¡Este libro se ve bellísimo! Y todos los autores mencionados, algunos los he leído, pero me gustaría aprender más de los clásicos... Debería leer más de estos escritores tan increíbles
    Un abrazo

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  16. Tiene una pinta fenomenal. Parece de esas lecturas para degustar con tranquilidad.
    Saludos

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  17. Me encantó este libro, Jesús. Me alegro de que lo hayas disfrutado tanto.

    bsos!

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  18. Yossi Barzilai, sin duda, este es tu libro. Lástima que sea taaaaan breve. ¡Un abrazo!

    Metgaladriel, ¡lo disfrutarás! Espero que nos cuentes pronto. ¡Un abrazo!

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  19. Nadja, ¡muchísimas gracias por tus palabras! Un saludo.

    Margari, ¡gracias también a ti por el comentario! La verdad es que es una parada curiosa más allá del mundo ficticio en el que nos movemos. Te gustará. ¡Un beso!

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  20. Shorby, totalmente de acuerdo. ¡Saludos!

    Espe, lástima que el viaje a Baltimore no se amplíe en el interior de la obra, sino que se queda en una simple anécdota de contraportada. ¡Un beso!

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  21. Meg, a ver si tienes ocasión de leerlo pronto. ¡Un abrazo!

    Liz, me alegra que te haya gustado el fragmento. ¡Saludos!

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  22. Margaramon, qué bien que te haya interesado esta lectura. ¡Un beso!

    Marilú Cuentalibros, sigo insistiendo en lo mismo: para mí se ha convertido en una magnífica parada entre tanta ficción. Eso sí, acaba resultando excesivamente corto. ¡Un beso!

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  23. Isi, ojalá descubras este texto más adelante. No he indagado más sobre el autor, así que desconocía la existencia de la novela que mencionas. ¡Gracias por la recomendación! Besos.

    Carla, pues adelante, te animo a que descubras este breve ensayo. ¡Saludos!

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  24. Carmen, ¡estoy convencido de ello! Ojalá más adelante podamos verlo en tu blog. ¡Besos!

    Laky, con este título son ya tres las publicaciones que leo de la colección Vagamundos. Todas me han encantado, por lo que no creo que te hayas equivocado en tu elección. Simplemente, te tocó descartar. ¡Disfrutarás con los demás, seguro! Un beso.

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  25. Shanny, la verdad es que es todo un lujo descubrir algunas de las historias contenidas en estas páginas. ¡Un beso!

    Pakiko, estoy de acuerdo contigo, es un viaje para saborear con calma y recrearse con cada detalle. ¡Un abrazo!

    Rosalía, precisamente volví a leer tu reseña poco antes de adentrarme en el libro (no tenía claro en ese momento en qué lectura quería adentrarme). Todo un acierto. ¡Besos!

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