22 de noviembre de 2011

"Siempre el mismo día", de David Nicholls.

Emma y Dexter se conocen la noche del 15 de julio de 1988, durante su fiesta de graduación en la universidad. Han cumplido veinte años, acaban de licenciarse y tienen toda la vida por delante. Dexter es un chico frívolo con una buena posición social, mientras que Emma está enfadada con el mundo y es políticamente radical. Aunque al día siguiente no pueden dejar de pensar el uno en el otro, se separan: Dexter se toma un año sabático para recorrer Europa, y Emma se queda en Edimburgo a trabajar. Durante los siguientes veinte años, Emma y Dexter se seguirán encontrando cada 15 de julio. Y mientras se va revelando el verdadero significado de ese día crucial, ambos vivirán altibajos, separaciones, encuentros y alegrías.

Contraportada | EMBolsillo | 2ª edición | Octubre 2011 | 479 pp.

Sin ninguna duda, esta lectura conjunta ha sido para mí la menos esperada del año, por la rapidez con la que se fraguó la idea. Marina, del blog El devorador de libros, anunció cierto día por Facebook que habría una sorpresa en su espacio esa misma noche. Así que decidí estar atento, lo que me permitió formar parte de esta iniciativa, ya que los cinco primeros participantes tendrían la ocasión de conseguir un ejemplar de Siempre el mismo día, de David Nicholls. Por aquel entonces, ya me había apuntado a un par de dinámicas literarias, por lo que no sabía cómo iba a encajar todos los plazos, pero decidí lanzarme con esta aventura. Todo un acierto, pues esta novela, una de las más vendidas en los últimos meses, ofrece una lectura fresca con dos protagonistas inolvidables, donde el amor y la amistad llegan a confundirse irremediablemente.

Siempre el mismo día cuenta la historia de Emma Morley y Dexter Mayhew, dos desconocidos hasta la noche del 15 de julio de 1988, día en que da comienzo la trama. Ambos están celebrando su licenciatura, a pesar de que las perspectivas de cada uno apuntan hacia diferentes miras: Dex pensará en el futuro con despreocupación y tranquilidad, por el simple hecho de venir de una familia acomodada; Em, por el contrario, enfocará inicialmente su vida hacia la enseñanza, a pesar de luchar por su sueño de ser escritora. Dos personalidades definitivamente opuestas, pero en las que se creará un estrecho vínculo del que el lector será testigo página tras página. Las experiencias de Emma y Dexter, cargadas de emociones, tropiezos, risas y añoranzas, son actualizadas en cada capítulo, siempre deteniendo el transcurso del tiempo en el 15 de julio. Esta línea temporal sólo se rompe en una ocasión, en la recta final de la novela, para mirar de nuevo al pasado tras varios acontecimientos con los que se cerrará la historia.

La estructura empleada en Siempre el mismo día es, probablemente, el elemento más adictivo de este libro. El avance en la vida de cada uno de los protagonistas, junto con el uso abundante del diálogo y el empleo de personajes secundarios bien definidos, complementan los continuos altibajos sufridos por Dexter y Emma, una relación que acaba convertida en un constante tira y afloja, seduciendo de esta manera al lector, deseoso de saber cuál será la nueva situación tras un nuevo año transcurrido. La identificación con muchos de los momentos de la pareja es inevitable, ya no por los puntos que unen a los protagonistas, sino por las experiencias personales que se cuentan cada vez que el tiempo se detiene. Así, Dexter ofrecerá el lado oscuro de un triunfo rápido y poco meritorio, en un círculo donde el valor de las cosas se establece en función de la fama y del poder adquisitivo; esta situación le permitirá tocar el cielo, pero no tardará en darse cuenta de la superficialidad de lo efímero. Por el contrario, Emma empieza su crecimiento personal desde abajo, de manera que el lector podrá ver su formación en un entorno donde el esfuerzo es, sin duda, la condición necesaria para escalara puestos en una sociedad que no facilita las cosas. Dos vidas que nada tienen que ver entre ellas, salvo la noche que los hizo inseparables.

Siempre el mismo día relata, en definitiva, la cara y la cruz de muchos aspectos cotidianos: el verdadero amor, las relaciones de pareja, los pasos erróneos, las amistades dañinas, el acercamiento a las adicciones, la lucha despiadada para alcanzar objetivos, las infidelidades… y, sobre todo, el vacío de la pérdida. Dexter y Emma componen un mosaico que, más allá del simple fenómeno literario, ofrece una realidad bastante cercana de lo que cualquier lector puede encontrar en su entorno. No siempre es fácil echar la vista atrás para ver todos aquellos que se han quedado en el camino; no obstante, debería ser una parada obligatoria con la que cada individuo pudiese valorar la verdadera esencia de la vida, basada en la sinceridad y en los sentimientos. Carpe diem.

Valoración: 5 / 5

LISTA DE PARTICIPANTES