25 de febrero de 2011

"El mapa del tiempo", de Félix J. Palma.

Londres, 1896. Innumerables inventos hacen creer al hombre que la ciencia es capaz de conseguir lo imposible, como demuestra la aparición de la empresa de Viajes Temporales Murray, que abre sus puertas dispuesta a hacer realidad el sueño más codiciado de la humanidad: viajar en el tiempo, un anhelo que el escritor H. G. Wells había despertado un año antes con su novela La máquina del tiempo. De repente, el hombre del siglo XIX tiene la posibilidad de viajar al año 2000, como hace Claire Haggerty, quien vivirá una historia de amor a través del tiempo con un hombre del futuro. Pero no todos desean ver el mañana. Andrew Harrington pretende viajar al pasado, a 1888, para salvar a su amada de las garras de Jack el Destripador. Y el propio H. G. Wells sufrirá los riesgos de los viajes temporales cuando un misterioso viajero llegue a su época con la intención de asesinarlo y arrebatarle la autoría de su novela, obligándolo a emprender una desesperada huida a través de los siglos. Pero, ¿qué ocurre si cambiamos el pasado? ¿Puede reescribirse la Historia?
En El mapa del tiempo, XL premio Ateneo de Sevilla, Félix J. Palma teje una fantasía histórica tan imaginativa como trepidante, una historia llena de amor y aventuras que rinde homenaje a los comienzos de la ciencia ficción, y transportará al lector al fascinante Londres victoriano en su propio viaje en el tiempo.

Poco después de que El mapa del tiempo viese la luz para los lectores en los estantes de librerías y centros comerciales, tuve noticias de esta novela, a través de un amigo y compañero de trabajo procedente de la misma ciudad que Félix J. Palma. Lo que, por aquel entonces, escuchaba de aquella historia, quedó grabado en mi mente, como un pensamiento que me hacía sentir que en aquella realidad, y quizás también en universos paralelos, me acabaría encontrando con los personajes de ese curioso argumento. Sólo un mes después, gracias a un regalo, El mapa del tiempo entraría a formar parte de mi biblioteca personal. Y ahí quedó, hasta que en estas últimas semanas, a raíz de una propuesta para una lectura conjunta con un amigo y las opiniones muy positivas que encontraba en diferentes sitios, me animaron a sumergirme en el Londres del siglo XIX. ¡Demasiado tiempo dejé pasar!

Desde la primera página me quedé prendado de la historia. Quizás pueda parecer un poco exagerado, pero quien haya tenido esta novela en sus manos sabrá a lo que me refiero. No es otra cosa que un reclamo que incita a la lectura, unos breves párrafos en los que se apela directamente al lector y a su disposición para entrar plenamente en la historia. "¡Adelante, apreciado lector, sumérgete en las apasionantes páginas de nuestro folletín, donde encontrarás aventuras con las que no habrías podido soñar! [...] La emoción y el asombro están asegurados". Así reza parte de esas líneas introductorias, y así se cumple en cada una de las  divisiones de El mapa del tiempo. No es necesario decir mucho sobre el contenido de cada una de ellas, pues la información recogida en la contraportada, y expuesta más arriba, dan buena cuenta de los hechos fundamentales que formarán las diferentes tramas, y que siempre mostrarán, en algún momento, conexiones que vinculen a los personajes; así, el amor intenso y casi enfermizo de Andrew Harrignton, la pasión atemporal de Claire Haggerty hacia un hombre del futuro, y la inolvidable aventura experimentada por H. G. Wells ante el posible robo de un manuscrito, hacen de esta aventura las delicias de cualquier lector.

No obstante, los alicientes de esta novela no quedan ahí. El hecho de que los ejes argumentales giren alrededor del Londres de finales del siglo XIX, permite a Palma la colocación estratégica de personajes reales que coexistieron con las creaciones ficticias que sustentan la trama. El protagonismo de Wells se completa, por tanto, con las apariciones de Jack el Destripador, Henry James o Bram Stoker, entre otros. Personalmente, me veo casi obligado a destacar, por encima de todos, la presencia en un momento de la historia de Joseph Merrick, personaje por el que siempre he sentido una fascinación especial, y al que creo que en este libro se le hace justicia, además de rendirle un entrañable homenaje.

No hay mucho más que pueda decir sin destripar las líneas argumentales, porque hasta eso juega a favor de esta novela. Todo es posible, pero todo puede ser apariencia. El ser humano juega con el tiempo, pero quizás el tiempo esté jugando con él. Los personajes viajan al futuro, regresan al pasado, y el lector es víctima de los numerosos movimientos temporales y de la propuesta de universos alternativos, sin saber con certeza en qué punto se encuentra. Y os garantizo que todo esto ha sido uno de los puntos más importantes para el continuo avance en la novela, sin que pudiera soltarla en muchos momentos. Por tanto, no hay que perder detalle desde la primera página, pues cada elemento tiene, antes o después, su relevancia dentro de la historia.

Sin duda, este primer encuentro con la narrativa de Félix J. Palma ha sido más que gratificante, además de ser uno de mis primeros acercamiento a la literatura de los viajes temporales. El tiempo jugó también conmigo, y ha querido que en este universo, haya tardado algo más de dos años en conocer esta historia. Pero dicen que nunca es demasiado tarde. ¿O sí? Cuestión de cambiar el pasado.

Valoración: 5 / 5

4 comentarios:

  1. Novelón, uno de esos libros que se leen del tirón, con acción, amores imposibles, aventuras, viajes temporales y sorpresas... Qué gran lectura. A ver con qué nos sorprende Palma en su próxima novela.

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  2. Totalmente de acuerdo. Félix J. Palma tiene otros títulos que llaman mucho la atención, como "El menor espectáculo del mundo", "La hormiga que quiso ser astronauta" o "Las corrientes oceánicas". Muy buena pinta los tres.

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  3. Fantástica reseña. Verdaderamente consigues despertar el interés por este libro. Conmigo, desde luego, ha sucedido.

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  4. Rebeca, una vez más, gracias por tus palabras. Cuando un libro gusta, siempre se nota en cualquier cosa que se cuente de él. Ojalá pronto nos obsequies con tus impresiones. ¡Saludos!

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