13 de enero de 2011

"Hamlet, príncipe de Dinamarca", de William Shakespeare.

Hamlet, la obra más conocida de Shakespeare, es en realidad una pieza llena de lagunas e indefiniciones. Una obra enigmática y misteriosa, en la que cada personaje es un artista de la simulación. El propio Hamlet es un ser en continua transformación. En él caben la ceremoniosidad, la cortesía y la reflexión, junto a la pasión, la burla, el enigma o la posibilidad de la locura. En el castillo de Elsenor, en un ambiente que emana corrupción y desconfianza, claustrofóbico y hostil, se alternan escenas solemnes y reveses irónicos, al tiempo que se agita una corte de personajes cuyo sentido último será llevar a Hamlet a vencer su tensión interna y cumplir la venganza por la muerte de su padre.

Leí esta tragedia a mediados de este verano, lo que supuso mi primer acercamiento al escritor inglés. Mi primer pensamiento (no sé si, a pesar de estar solo, llegué a verbalizarlo), fue: "¡Increíble!". Jugaba en su favor, desde el principio, el hecho de que siempre me ha encantado leer teatro y, por lo general, me atrapa rápidamente la historia. Aunque, en este caso, fue mucho más allá. Me cautivó desde los primeros diálogos, enmarcados en una tensión que no decae en ningún momento para ninguna de las intrigas. Fascinante. Y el final, digno del género, perfectamente logrado. Sinceramente, casi dan ganas de dar un caluroso aplauso como si acabara de bajar el telón en cualquier teatro.

Sin duda, el personaje estrella es el de Hamlet, pero los demás no se quedan atrás: Ofelia, más una marioneta del resto de personajes que otra cosa, y enamorada del príncipe de Dinamarca; Laertes, hermano de Ofelia, que tendrá un papel importante en el último acto; Polonio, personaje que parece secundario pero que provocará un giro en la historia...

Los que no hayáis leído esta obra, ya estáis tardando. ;) Sin duda, seguiré con las tragedias de Shakespeare (me esperan 19 más en el mismo volumen). Macbeth, próxima parada.

Fragmento


Rey.- ¡De cena! ¿Dónde?
Hamlet.- No donde come, sino donde es comido. Cierta asamblea de gusanos políticos está ahora con él. El gusano es el único emperador de la dieta; nosotros cebamos a todos los demás animales para engordarnos, y nos engordamos a nosotros mismos para cebar a los gusanos. El rey gordo y el escuálido mendigo no son más que servicios distintos, dos platos, pero de una misma mesa; he aquí el fin de todo.

4 comentarios:

  1. Cuando comenzó el año me dije que mi propósito sería leer un clásico al mes...hasta el momento no he cumplido, pero espero reponerme y comenzar a hacerlo. Esta es una buena elección...me lo apunto para leerlo.
    Un abrazo,
    Ale.

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  2. @bibliobulimica, creo que cualquier tragedia de Shakespeare es buena para cubrir ese propósito clásico que quieres cumplir. Hamlet es más que recomendable, y con una tarde que le dediques tienes la historia leída. ;)

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  3. hola, estoy buscando, para descargar una buena edición de este gran clásico.
    Yo tengo una, pero no me fió de que sea una de las mejores...
    Lo necesito para representar uno de sus soliloquios, Escena XI del Segundo Acto...
    Dejo mi Mail para mayor facilidad ritellechea@hotmail.com

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  4. Roberto, la edición que yo leí era en papel. De todas formas, si quieres una edición fiable, puedes consultar la de Cervantes Virtual (aunque sólo admite la consulta online) --> http://www.cervantesvirtual.com/obra/hamlet-tragedia--1/

    ¡Espero haberte ayudado!

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